Carlos Ramos Padilla

Llegar a ser el líder de un nación como México merece un tratamiento especial en la historia. Es concentrar todo el poder en una institución, la presidencial, para obtener los máximos resultados para todos.

Pero en esta ocasión y desde siempre, ahí están mis textos, a razón de recibir duras críticas y severos calificativos, advertí los riesgos de que un hombre como AMLO llegara a la cumbre. Antecedentes hay y muchos sobresaliendo la mentira, la provocación, la traición y la amargura.

No hace falta remontarse a sus tiempos de priista, de secuestrador de pozos petroleros, vamos a navegar a tiempos más cercanos, desde que era jefe de Gobierno y marcaba agenda atacando a sus opositores. Ya nos olvidamos cómo a Fox le dijo “cállate chachalaca” a Salinas el innombrable, a Calderón Espurio, ¿y abusando del apellido señalaba que Enrique nos llevaba al “despeñadero”?

¿Ya se le borró a la clase política cómo traicionó a varios partidos políticos que le dieron su confianza para mantenerse como candidato a la presidencia? ¿No recordamos la forma en que reservó información sobre sus actos y obras de gobierno y hoy en exige a periodistas dar a conocer el monto de sus salarios?

Perdedor se auto nombró “presidente legítimo”. A los ciudadanos nos ha tachado de incómodos pirruris, fifís, aspiracionistas, neoliberales y conservadores. A los empresarios de “mafia en el poder” a los comunicadores de “hampones”.

Ha tolerado a personajes como Ebrard que se libró del caso de los linchamientos en Tláhuac y después de los presuntos fraudes de la Línea 12 que lo orillaron a un autoexilio. Protege a Bartlett cuando desde sus filas le calificaron de “asesino” y haber tirado el sistema.

A César Yáñez lo oculta en un cargo menor luego del ostentoso escándalo de su boda, a René Bejarano lo deja como operador electoral de Sheinbaum, disfraza una jubilación de Romero Deschamps para regalarle impunidad, se codea con el hombre más rico de México, pero se enfada por el salario de un reportero.

Salta de una sencilla vivienda en departamento en Copilco para adueñarse de Palacio Nacional. Cancela obras de envergadura mundial acusando corrupción y no hay un solo detenido. El nepotismo abunda en su gobierno y acusa a hijos de otros de brutales abusos. 

Despoja a niños del derecho a la educación y a la salud enviando presupuestos millonarios a estadios de béisbol. Y estos son solo unos ejemplos. Dígame amigo lector si encuentra bondad, congruencia y coherencia en todos estos actos. Mantiene a 50 mil soldados mexicanos como albañiles en Santa Lucía para lucir su capricho.

Habla de austeridad, pero organiza una votación extraordinaria en recursos para que el pueblo bueno le pida que se quede. Para defender a su propio hijo del escándalo de sus lujos (porque no es nada más la mansión) le dice públicamente mantenido. Ese personaje es el que nos avisó que gobernar no tenía mucho chiste, el que señaló que si Morena gobernaba el litro de gasolina costaría 10 pesos.

Es el mismo que por incultura y arrebato “pausa” relaciones con gobiernos extranjeros, pero impone a dictadores cubanos para que le rindan honores nuestros militares. Hoy está enfurecido no porque se sigan matando a inocentes, mujeres y periodistas sino porque ya se le demostró públicamente que libera a sicarios, persigue a líderes de opinión y su propia familia si es capaz de mancharle sus alas mientras vuela sobre el fango. El caso es que hasta hoy ya dejo pasar su oportunidad.