Paralizada desde mediados de marzo por la pandemia de coronavirus COVID-19, la reconstrucción de Notre-Dame de París se reanudó a fuego lento con la puesta a punto de las medidas de seguridad que permitan la vuelta progresiva de sus obreros.

A simple vista nada delata que la catedral parisina inaugure una nueva etapa. Solo el paso puntual de algún trabajador, cubierto con traje especial y mascarilla, apunta que la actividad regresa a un templo que rozó su hundimiento cuando el incendio del 15 de abril de 2019 destruyó su aguja central y parte de su cubierta.

Christophe es uno de esos empleados. De 28 años y originario de Metz, en el este del país, para él es también el primer día de trabajo en esta obra histórica como uno de los encargados de las labores de descontaminación.

El fuego fundió gran parte de las placas de plomo que había sobre el tejado y las diseminó por la zona en forma de partículas contaminantes, y el dispositivo instalado anteriormente para proteger al personal será reforzado para evitar también una posible infección por COVID-19.

Ese primer grupo de trabajadores se ocupa desde este lunes de que los vestuarios, las duchas y las oficinas estén adaptados a las medidas de distanciamiento social impuestas por el Ejecutivo francés para frenar la pandemia.