Claudia Luna Palencia

De acuerdo con The Economist Intelligence Unit, en su análisis anual acerca de la salud de la democracia global, el año pasado sucedió un llamativo deterioro en la calidad de la democracia, así como en las libertades civiles que no hacen otra cosa más que provocar profunda preocupación entre los estudiosos del tema.

El informe “Democracy index 2020: in sickness and in health” detalla cómo un 70% de los países monitorizados (un total de 167) experimentó una regresión “sin precedentes” en su democracia.

“La pandemia ha ocasionado estragos mientras retroceden las libertades civiles; una serie de decisiones drásticas, como un lockdown, para proteger las vidas han provocado otras consecuencias perjudiciales en la salud democrática y en las restricciones civiles”, indicó el informe.

El promedio mundial del índice de democracia en 2020 cayó a su nivel más bajo desde 2006, al tiempo que se perdieron libertades civiles, aumentaron la intolerancia y la censura.

“Solo un 49.4% de la población mundial vive en una democracia: de ésta un 8.4% lo hace en democracias plenas y el resto, 41% en democracias defectuosas; la otra parte de la gente, vive en regímenes híbridos y otra en regímenes autoritarios”, de acuerdo con el documento.

El tema consterna: para Simon Tisdall, los “chicos malos” están ganando a nivel mundial; en un artículo suyo publicado en The Guardian, el analista político se pregunta si habrá alguien que les ponga el alto.

“Desde el golpe de estado más reciente en Myanmar, Birmania a los regímenes autocráticos en China y Rusia, los valores promovidos desde Occidente están en retroceso y han caído en una trampa”, advirtió Tisdall.

El propio mandatario estadounidense conoce el frágil lindero: en sus primeras declaraciones, tras asumir el poder de Estados Unidos, varios de sus discursos señalaron de forma dura a Rusia y a China como ejemplo del autoritarismo que debe ser combatido.

Las autocracias son un peligro real. En el caso de Rusia, Biden y su gabinete, se mantienen alineados en torno a la protección de los derechos humanos y la libertad de expresión.

Los primeros roces con Putin ya se han dado por el tema Navalny. No será nada fácil mover las piezas en el ajedrez geopolítico sin chocar con el Kremlin habrá que irse con tiento para buscar más consensos que disensos.

Un movimiento reciente e interesante entre Estados Unidos y Rusia (ya sin Trump de por medio) ha sido la renovación del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas o New Start, por otros cinco años más; de esta forma seguirá vigente un acuerdo que limita el número de armas nucleares estratégicas con un máximo de 1 mil 550 cabezas nucleares y 700 sistemas balísticos por país.

A Colación

En su momento, el desmantelamiento del bloque soviético en los tiempos de Mijail Gorbachov y de Ronald Reagan, cuando se anunció el final de la Guerra Fría trajo luz hacia un porvenir en el que, al menos, imperase el modelo occidental.

Me refiero no solo al modelo político de Occidente con defensa de los valores de la democracia y de la libertad de expresión y otros muchos fundamentales en los derechos humanos; también en lo concerniente a la libertad económica.

En los últimos años del pasado siglo, sobre todo Estados Unidos, defendió ese binomio: la libertad política y la libertad económica ambas como modelo ideal para una sociedad que, a la larga, saldría más beneficiada que perjudicada de ejercer su poder de elección.

Pero con la llamada “cortina de hierro” derruida, la nueva amenaza real para el imperialismo norteamericano tiene que ver con el enorme poderío de China que, además, ha tatuado en su Constitución su verticalidad comunista; la quintaesencia de todo lo malo según los valores occidentales y que ponen en la palestra que la guerra sigue siendo ideológica también. El comunismo no está muerto está más vivo que nunca y, a su lado, las amenazas totalitarias a la vuelta de la esquina.

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