No cambies la salud por la riqueza,
ni la libertad por el poder.
Benjamín Franklin
Víctor Sánchez Baños
La política de comunicación del gobierno federal, está centrada en un solo hombre. Es el estilo que manejan gobiernos de izquierda sesentera en toda América Latina.
Así vimos los maratónicos discursos de Fidel Castro, que azorrillaban durante horas a los cubanos. Después a principios del milenio, a Hugo Chávez, con una cátedra de mentiras que servía para fortalecer su base de seguidores. Posteriormente vienen figuras como Nicolás Maduro, Evo Morales, en Bolivia.
Es el mismo estilo de Andrés Manuel López Obrador. Tomar cualquier tribuna para mandar un mensaje que, como Líder del Ejecutivo, lleva espacios en las primeras planas. Divide en propaganda e información. Sin embargo, en ambos casos tiene un solo objetivo: la sucesión presidencial.
La mañanera, que la instrumentó desde su paso en la Jefatura de Gobierno del entonces Distrito Federal, López Obrador, la uso para fijar agenda al gobierno de Vicente Fox. Se levantaba temprano para colocar las minas informativas a sus opositores.
Con preguntas a modo, que hacen personajes que nada tienen que ver con la comunicación y que no representan el más mínimo núcleo de lectores que ellos mismos, coloca los temas que interesan al presidente.
Ataca a sus enemigos desde las notas matutinas, que poco a poco, pierden el interés nacional, por repetitiva, pero uno de los temas es el que sobrevive en las primer aplanas y en los teasers de los programas de radio y televisión. Las redes sociales de los seguidores de AMLO, no son representativas, ya que es la misma clientela de siempre. Lo que le interesa al presidente es pescar más seguidores y asegurar el futuro del grupo en el poder.
En breves periodos de vacaciones o en lapsos de enfermedad por Covid, ha faltado. Ya no puede destinar tiempo para atacar a sus enemigos, a los desleales a la 4T, para impulsar sus proyectos de obras faraónicas, y para impulsar electoralmente los puntos débiles de su administración y de gobernantes paridos en Morena.
Las mañaneras con Olga Sánchez Cordero o con Adán López, solo alcanzan algunos espacios. El “toch” de López Obrador, es “único”. Habla de todo. De economía, de la cual tiene serias fallas de conocimiento; de historia, espectáculos, medicina, moral, política, partidos. De todo, aunque tenga deficiencias. Al fin y al cabo, la mayoría de la población también desconoce de esos temas.
Pero, las mañaneras se han distinguido en usarlas como torreón de un francotirador. Dispara contra quien lo critica, quien no le cree, para aquellos que ve como peligrosos a su proyecto transexenal (como él mismo lo reconoce).
Sin la tribuna, busca espacios en los medios tradicionales, para operar política y administrativamente. Así, cuida sus dos objetivos fundamentales: las obras que, según él, marcarán el futuro de su “legado”, así como el aseguramiento electoral.
Por ello, pese al tarjeteo intenso del jefe de prensa de Presidencia, Jesús Ramírez, la mañanera sin AMLO se convierte como un jardín sin flores; una pistola sin balas o una enchilada sin tortilla.
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