La confianza sirve en las conversaciones más que el ingenio.  

François de La Rochefoucauld 

Víctor Sánchez Baños 

En días pasados fue el clímax de una política exterior beligerante del presidente Andrés Manuel López Obrador.  

Los cariños, más no los intereses del país, están con países como Perú, Bolivia, Nicaragua, Argentina, Venezuela y Cuba. El resto del planeta está en el imaginario de AMLO, son enemigos de su régimen.  

Por ello, es importante que la clase política entienda que la diplomacia es un instrumento para lograr beneficios económicos y bienestar para los pueblos. No es un asunto de “amigos”, un concepto subjetivo y hasta ridículo entre las naciones. Es un asunto de intereses y, en especial, de bloques comerciales. 

Sin embargo, los gobiernos socialistas del continente, ante su debilidad política, económica y social, prefieren unirse para tener un foro de imagen política internacional. No importa que los pueblos se estén muriendo de hambre o estén en recurrentes crisis económicas. Lo único que es relevante es que puedan gritar todos juntos para que se solidaricen otros pueblos con los “débiles” atacados.  

De esa manera, llama la atención el comportamiento de AMLO en torno a otros países.  

Con Estados Unidos, la imagen pública es de las izquierdas unidas. Sin embargo, en privado, es otra la realidad. Los grupos empresariales estadounidenses cuestionan la política energética de López Obrador y presionan al presidente Joe Biden y a sus funcionarios para defender las empresas de aquella nación. Aquí, impera la política de que entre ambos países sólo hay intereses.  

El acercamiento de los pueblos es distinto.  

Con Canadá los gestos del Gobierno mexicano no son nada amigables. Acusó ante el primer ministro Justin Trudeau de defraudadoras y ladronas a las empresas mineras.  

En Panamá, la crisis diplomática es relevante luego de que AMLO ejerciera violencia política contra la canciller Erika Mouynes, lo que provocó que el expresidente Ernesto Pérez Balladares dijera que la respuesta lopezobradorista era infantil.  

La cereza del pastel, es la crisis diplomática que se tiene con España. Acusó, sin pruebas en la mano, que las empresas españolas son “rateras” y abusivas. Vienen a México a saquear. Los conflictos se dan en el sector energético, donde tienen concesiones empresas como Iberdrola, OHL, entre otras. De esa manera “pausó” las relaciones entre ambos países.  

Luego que AMLO planteó “pausar” relaciones con España, el Canciller de ese país, José Manuel Albares dijo que oficialmente no se ha detenido la relación con México. «La relación entre España y México es una asociación estratégica que va más allá de declaraciones verbales súbitas”, sentenció y agregó: “Defenderemos los intereses de España ante cualquier circunstancia y ante cualquier país”.  

¿Es necesario andar de pleiteros en el mundo? Si hay alguna justificación que no conozcamos los vulgares mortales, que lo explique López Obrador. Tenemos ese derecho a la información. 

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