Miguel Ángel López Farías

Lo dicho, arrancan los juegos de guerra, poco después del proceso electoral de junio pasado sostuve que el mandatario se lanzaría a la cruzada de su vida, sostener a quien es en lo colectivo y lo privado su “tapada“, el descalabro en la CDMX le afecta en el tablero, pues no solo es una nota reprobada en contra de la doctora, sino que el referéndum hacia el ejercicio de gobierno del presidente es negativo de ahí el agresivo ataque a la clase media, la cruda embestida en contra de los periodistas y la adopción de nuevos enemigos, aún dentro de sus leales. 

La caída en la popularidad presidencial es un hecho medible, de ahí que se determine el uso del recurso rudo para revertir el desplome, el “multivitamínico” se llama Martí Batres, un personaje que no se distingue como negociador, no es de mano suave, su pasado descansa en actividades porriles en la UNAM, y se le menciona por mantener encubiertos a grupos de choque del “Che Guevara”, esa especie de municipio autónomo en la facultad de filosofía en CU.

El escándalo de la “Leche Bety”, para los que no registran este dato tiene que ver con la venta de leche contaminada con heces fecales… alumno aventajado de Rene Bejarano, pero, sobre todo, y esto es lo interesante en su nombramiento, que fungió como “ariete” para cerrarle el paso a Ricardo Monreal, cuando este poseía mayores méritos y experiencia para la candidatura a la jefatura de gobierno, Martí se acuerpa con Sheinbaum.

Sumemos a que el flamante secretario de gobierno de la ciudad no perdona el que Marcelo Ebrard lo haya “retirado” de su administración, cuando Martí criticó aquel saludo entre el entonces jefe de gobierno y el entonces presidente Calderón.

Para los que ven en este nombramiento una redirección de la artillería con miras a la posición, podrían equivocarse, más bien se trata, a eso doy lectura, de blindar a la candidata ante lo inminente: la cena de negros que suena en el olimpo presidencial.