Miguel Ángel López Farías

Los idealistas solo son eso, una raza que, desde la potestad de su imaginación, forman escenarios nebulosos, un tanto alejados de la realidad… ¿podría determinarse que el presidente es de esos?

A él, le gusta citar a Francisco I. Madero, se compara, hay algo de cierto en las formas, ambos tuvieron la idea pero no un proyecto… y a golpe de realidades, el nacido en Parras de la Fuente, Coahuila, mostró ser más un soñador que un efectivo revolucionario, sus errores fueron tachados de infantiles, como el hecho de creer que con su solo llamado al “sufragio efectivo no reelección“ el país dejaría de ser un campo de analfabetas y de regiones del país inconexas y se transformaría en un solo cuerpo rebosante de democracia e igualdad.

En el caso del actual presidente, existen esos viejos vasos comunicantes de la utopía, pero que de tanto repetirse a sí mismo de que él y solo él es capaz de cambiar el destino del país y de repetirse el mismo mantra de que es “honesto y valiente” termina por no ver ni aceptar que es solo un creyente de sí mismo y que esta bardeado de simulación…

¿Andrés Manuel es víctima de su idealismo? La historia lo confirmará, pero hoy no podemos negar que es un creyente de su propia religión, sin aceptar que es el mayor productor de demonios, de esos que tanto prometió acabar. 

Un idealista, con el paso del tiempo y de mucha terquedad, termina siendo un ilusionista, y logra embaucar a los ilusos, este juego de conceptos podrían resultar inocuos, pero cuando se detenta el poder, el daño puede ser profundo, de la talla de una nación dividida entre “realistas o fanáticos”…

Seré más preciso: entre ciudadanos informados y sencillamente los que solo aceptan esa rebanada de la ilusión.

Madero, Francisco Ignacio Madero Hernandez es el mejor ejemplo del ímpetu pero sin la claridad del qué hacer una vez que alcanzan una meta, Madero fue buen candidato pero pésimo presidente, sus seguidores poco entendían de elecciones y la clase política y empresarial, pronto se dieron cuenta de que estaban frente a un “hombre que entendía poco las reglas del juego”…

Porfirio Díaz ya había dejado este país, pero quedaron sus formas… y Madero quiso gobernar desde la fantasía, a ratos muy revolucionario y a ratos muy burgués… al punto que Emiliano Zapata lo desconoció, al punto de que fue muy fácil engañarlo y terminar todo en una “decena trágica“.

A Andrés Manuel le llevó 18 años llegar a la presidencia, desde la oposición supo construir un discurso de ataque y crítica, sembró la idea de que el solo podía acabar con los principales males del país… nunca dudó de que así sería, y en el silencio de sus leales, de los que le han acompañado viene la carga de culpa, nadie, pero nadie le advirtió de que lo suyo era solo una ilusión, un espejismo…

Tras tres años en el gobierno ya pocos dudan de que Andres Manuel es un idealista, pero sin proyecto… eso sí, luchadores sociales muy pero muy ricos.