Miguel Ángel López Farías

Así no presidente, la nación no requiere un nuevo capítulo de lucha libre en donde se juegue con la investidura como si fuese silla plegadiza y pudiese estrellarla en sus adversarios, el ring está muy sobado y cada vez queda más claro que la estrategia de hacerse pasar por víctima le ha dado resultados desde hace 18 años, pero en esta ocasión México requiere de su energía para enfrentar la peor crisis social y económica de la era moderna, claro que sus fieles le van a aplaudir a rabiar pues es de lo que se alimentan en este país de milagros y quimeras, la fórmula está muy vista, eso de arrojar cubetazos a la esquina de enfrente en donde se encuentran sus adversarios no logrará desviar el tren de la realidad que amenaza con pasarnos por encima.

Así no presidente, erigiéndose en santo tribunal mañanero no logrará mitigar el desastre del manejo covidiano ni el tsunami del desempleo. El presidente, es cierto, a diferencia de otros mandatarios, enarbolo la bandera del combate a la pobreza, fijo su eje ideológico y partió en dos el mar rojo de las diferencias económicas, de la brutal injusticia que durante años ha carcomido al país, pero es tal su obsesión por colocar el San Benito a quienes no piensan como él que ha ido llevando al país al precipicio de la violencia civil, del encono y de una peligrosa confrontación entre aquellos que ven en usted la salvación y quienes no, esa pócima ya la vivimos hace ocho y doce años, solo que la diferencia es que hoy usted es presidente y tienen una fuerza  muy por encima de muchos, comenzando por las palancas de la agresión.

Se sabe que la meta es no perder el poder, que todo se trata de hacer valer su palabra en la historia, sabemos que, ciertamente, le toca enfrentarse a fuerzas reales que se resistirán a su proyecto, así es la política, pero los extremos comienzan a tocarse, las amenazas son reales, y no se debe desechar que no hace mucho un cartel de las drogas amenazó con hacer volar a un diario, esto no es Colombia, pero podría ser peor, México requiere de paz, de civilidad, de un nuevo acuerdo, de menos policías en las calles y de menos agresiones políticas.

Por eso, así no presidente, la crítica no ha sido peor a la que le tocó a Peña Nieto, a Calderón o a Fox, a ellos la historia los ha juzgado y en muchos casos nos deben sendas explicaciones, pero concentrar la energía en insistir en la ruta de la confrontación solo desvía la intención de lo que debería ser la búsqueda de su obra maestra: un México sin desigualdad y sin pobres, pero parece ser que la intención es todo lo contrario, un México siendo disputado por las fauces de los que se dicen pueblo bueno y pueblo malo.

Y peor, una trifulca producto de que no se quieren escuchar a esas otras voces que en muchos casos tienen razón, que dicen la verdad o que, sencillamente son piezas valiosas del juego de la democracia y de la sagrada libertad de expresión. 

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