Miguel Ángel López Farías  

La oposición ha despertado, los azules ya dieron el visto bueno para ir con el PRD y el PRI en el mismo carro, ya nadie duda de que la batalla será sin cuartel, y muy seguramente le arrebataran la corona a un partido morena que en muchos frentes ha demostrado ser incapaz de entender eso de «hacer buen gobierno».  

El partido de Andrés Manuel López Obrador se encuentra en la dura prueba de pasar de año en uno curso en el que han solido pasar de a panzazo, mostrándose como los alumnos más retrasados de la escuela de gobierno y de poder.  

¿Servirán estas alianzas entre institutos tan disímbolos como la derecha del PAN y la izquierda del PRD? Si a lo ajustamos al pragmatismo de los tiempos, la formula bien podría avanzar como una isla en donde amplios sectores de votantes encuentren más experiencia y confianza en un plano en donde las ausencias de ofertas se notan, y ¿por qué no cito a el PRI?  

Porque este partido no deja de generar sospechas de que entre las grietas ha tejido una serie de alianzas con Morena, como producto del pacto efectuado entre el expresidente Enrique Peña Nieto y el actual mandatario Andrés Manuel López Obrador, un matrimonio por conveniencia que hasta el momento ha funcionado en esa especie de fuero a favor de Peña Nieto y su equipo más cercano. 

El contrato entre PAN y PRD y lo que pueda realizar el PRI dependerá en gran medida de que sus dirigencias sepan hacer con esos grandes sectores de la población que sencillamente se encuentran fastidiados , frustrados por la pesadilla que en el país se posó de la mano del presidente Andrés Manuel, si en la estrategia de esos partidos se logra aterrizar una propuesta realista e inteligente para hacer que la ahora oposición se convierta en la gran salvación, pues estaríamos ante la creación de una gran maquinaria política capaz de generar mucho daño en el casquete del buque morenista.   

Claro esta y como se dice coloquialmente «los de Morena no están mancos», y muchos recursos habrán de emplear, desde el caudal económico hasta el uso del chantaje y amenazas del empleo de investigaciones en contra de los que hoy se van levantando como bloque de resistencia política.  

La batalla promete ser dura, los resultados dependerán del nivel de inteligencia en las dirigencias del PAN, PRD y PRI y del esfuerzo por convertirse en el clavo ardiente de los millones de frustrados. Pero, sobre todo, lo que se deberá ofertar no es la idea de un «acostón» más entre estos tres partidos sino de la verdadera ruta de escape para un país que hoy vive la peor de sus crisis.