Es un sentimiento de alivio, esa sensación de que una eventual derrota de Trump traería consigo una etapa de estabilidad mundial y en nuestro caso, nuevos pivotes regionales, unos menos cargados de tensión y toxicidad.  

La tómbola electoral gringa aún no se detiene, el que Biden pueda ser el próximo inquilino de la Casa Blanca nos resulta menos sofocante, no es menor el que así sea, se trata de un regreso a la cordura política, y no solo para los EUA, sino para naciones como la nuestra, la cual carga con sus propios clavos en el zapato, ahogados en una espiral de sinrazón como producto de un gobierno sumamente peligroso. 

Por ello una derrota de Trump es la invitación a comenzar a remojar las barbas nacionales. Detrás del fenómeno del triunfo hace cuatros años del mandatario estadounidense se esconde el mismo guion de hace dos con el mexicano, el brutal pragmatismo del populista, vitaminados por el descontento y en muchos casos del rencor de los ciudadanos que se han sentido rechazados por las cúpulas, expulsados de la repartición de la riqueza o en el sello yanqui, ajenos a su propio país el cual para ellos está lleno de gente de otra raza, Trump lo exploto y le funciono, gana pero su estilo decepciona, el espejo mexica no miente, en un remedo se aplica la misma receta, se induce a los enojados por los excesos de los priistas de Peña y se vuelcan en una marea morena que al final del día termina ahogando el producto milagro de la 4T.  

Trump debe estar pasando una de sus noches más amargas, y de confirmarse su derrota quedará en los canales un duro capítulo para aquellos Estados Unidos que se embarcaron en una aventura de la mano de un personaje desconectado de la realidad.  

El nivel de conciencia del elector gringo ha dado hasta el momento un salvavidas a su propio país al enviar una señal de que con todo y el espíritu supremacista de Trump y sus seguidores priva más el sentido común y la necesidad de salir adelante. Aquí no “cantamos malas rancheras”, el panorama es de vergüenza, y este pulso ya lo tienen en Palacio, tanto que poco a poco han virado en el discurso de odio y de división y se comienza a adoptar un script “más suave”, el propio mandatario ya no ataca a las mujeres, ya se refiere a la pandemia como lo que es, una desgracia, atrás quedaron los pucheros por no querer usar el cubrebocas, vamos, hasta el intocable Luis Videgaray es “rescatado” como posible culpable de la corrupción peñanietista, aquí no hay que olvidar que Videgaray es enemigo declarado de Emilio Lozoya, pero la posibilidad de que sea enjuiciado responde a un acto efectista de una administración que no entiende que la gente está decepcionada. 

Trump y su destino es una lección en contra de los populistas, sean del país que sean, el poder del voto es eficiente y útil para aplicar castigos o premios y eso es lo que debemos cuidar, que los órganos electorales y sus instancias judiciales sean sólidas e inviolables, tanto para un Trump que desea, como Nerón, incendiar a su país en una versión del tropicalizado voto por voto, casilla por casilla. Pobres gringos, nomás para que vean lo que se siente. 

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