Débora Linares
El otro día, luego de una buena sesión de ejercicio me acerqué a la recepción del gimnasio a pedir una ficha para el sillón de masaje. Había varias personas además del recepcionista. Recibí mi ficha y me fui.
Instantes después llegó una pareja y sólo uno alcanzó sillón. Yo disfrutaba de mi masaje mientras observaba a mi alrededor –más al inmediato que al lejano–. Noté que ella trataba de que él hiciera algo mientras ella se masajeaba, le sugirió estirarse, después le hizo plática y luego de varios intentos de plano se lo soltó:
–Lo siento, no puedo, mi amor, porque soy muy aprehensiva, y yo creo que no debes ser tan amable porque la gente no es amable contigo. Debiste detenerla y decirle que acabábamos de pedir dos. Porque estábamos ahí y simplemente se metió y nosotros tuvimos que bla, bla, bla…
Fue entonces que me di cuenta de que sin proponérmelo “los había incomodado”, sobre a todo ella. Él reaccionó tratando de calmarla en varias ocasiones, sin mucho éxito, por lo que optó por no decir más, hasta que ella terminó su pequeño discurso.
Aunque supe que el asunto era conmigo, je, no dije nada… si no me hablan a mí directamente, sobre todo en una situación incómoda, mejor ni hacer caso… y me quedé pensando en lo que había sucedido.
Me di cuenta de que ellos estaban en la recepción, ¡ups!, no los vi; además estaba el recepcionista que ya había escuchado su petición de fichas. Yo no, simplemente me acerqué como lo hago cuando, invariablemente, hay personas ahí con distintos fines.
Luego, me dije, bueno, el recepcionista me dio a mí primero la ficha y corrí hacia el sillón, como suelo hacerlo. Sin embargo, la incomodidad de la pareja se habría evitado, si ellos le hubiesen dicho al recepcionista que iban primero, o a mí, o si se hubieran apresurado a llegar al sillón, como no lo hicieron. Tal vez ella habría aliviado mejor su incomodidad si me hubiera dicho algo al respecto. Pero no lo hizo.
Sin embargo, y aquí es donde entra lo más interesante de la situación, ella hizo lo que muchas veces solemos hacer: expresar su incomodidad, pero en momento y forma inadecuados y con la persona equivocada.
¿Qué es lo que quiero decir? Sin duda, en más de una ocasión nos encontraremos en situaciones como esta en la fila que se te pueda ocurrir: transporte público, boletos para un concierto, el WC en el antro, el elevador, las tortillas… Es entonces cuando nuestra inteligencia emocional y nuestra asertividad están a prueba.
Por una parte, la chica tenía razón en incomodarse, habían llegado primero, y yo por desconocimiento y el recepcionista por desordenado, nos los saltamos. Sin embargo, no fue asertiva, pues en su necesidad de descargar su malestar se tornó agresiva directamente con el otro afectado, y su pareja.
Finalmente, me quedé pensando en que la reacción de ella, que pudo ser la de cualquiera de nosotros, en las relaciones a largo plazo no funciona, pues en lugar de hablar claramente y decir lo que necesitamos, volcamos nuestra incomodidad donde no corresponde, y entonces, en vez de hablar terminamos gritando y lo hacemos con quien no debíamos hacerlo.














