Miguel Ángel López Farías

Le habían vaticinado que sería un miércoles negro, que era el fin del reinado del zacatecano, el Senado dejaría de ser su República, voces acomedidas como las de Epigmenio y Ciro le daban los santos oleos y lo sentenciaron a que quedaría fuera de Morena…

Pero la noche de los cuchillos largos no llego, a pesar del desaire de algunos miembros del gabinete a la plenaria de ese partido en el senado, el doctor Monreal supo recuperar pulmones y dio batalla para salir victorioso en el capítulo del nombramiento de la presidencia de la mesa del Senado.

Ricardo Monreal vuelve a sacudirse los golpes y esta malquerencia que le ha arrojado Andrés Manuel López Obrador, quien cada vez se cubre del detestable traje de los malagradecidos, los desleales.

Este miércoles pasado, el Senado se convirtió en el aula máxima para que Monreal dictara catedra, una que nos debería empujar a todos para entender que por la vía de la confrontación y la terquedad no se llega a ninguna parte, que las vitaminas adecuadas se localizan en la conciliación y el dialogo, en política de la buena…y ese oficio es el que le ha dado a el senador Monreal la posibilidad de ascender en el peldaño del 24.

Pero ¿Por qué es tan incómodo para el presidente y sus secuaces el que Ricardo Monreal siga siendo la piedra angular de la Cámara Alta? Por qué les significa la colocación de un bloque, de una resistencia muy sana, y muy democrática, para que los apetitos dictatoriales no entren por todos los poros de la vida pública de México.

Las hordas simiescas del primer círculo se han mostrado rabiosas por que la horma del zapato presidencial se localiza en alguien que no solo ha acompañado en casi tres décadas al mandatario, sino que lo conoce tan bien, que él solito significa la parte más equilibrada del Movimiento de Regeneración Nacional, Ricardo Monreal no se ha distinguido por ser un vulgar político ambicioso y mentiroso, uno que decidió construirse monumentos para ganarse la historia, aun cuando lo tenga que hacer por encima de miles de muertos y millones de engañados, no, a Monreal se le comienza a distinguir por ser alguien con el perfil adecuado para enderezar este barco, vamos, un mexicano preparado para el peor momento de este país.

La victoria de Ricardo Monreal en el Senado también habla de que quienes lo han apoyado, sean de su partido o de la oposición, ven en el a un líder, uno que se convierte en el antídoto para estos tiempos de locura y mesiánicos.

Y no solo se le palpa como quien encabeza las líneas de la razón en el senado, sino como quien semana tras semana acumula puntos en las encuestas, colándose entre las corcholatas y manteniendo un paso constante, con mucha mayor dignidad en estos climas de abyección y cobardías.

Debemos reconocer que tener políticos con virtudes, con otra estructura moral y con el coraje necesario para enfrentarse a la maquinaria de un deformado gobierno, es una rareza, pues para muchos, lo común es un México de bufones, de cínicos y violentos.

La grosera corte tropical lo veían acabado, doblado y mire usted… el doctor Monreal gozando de cabal salud.