Miguel Ángel López Farías
El presidente tiene un nuevo y lacrimoso guion, el de que tan enfermo está. ¿Es útil saberlo? Si, se trata de un jefe de estado que si llegase a faltar generaría una sacudida en el andamiaje de las instituciones.
¿Pero, realmente está taaaan enfermo? Con dos infartos y una colección de padecimientos supondríamos que lo mejor sería que se fuera a su rancho… pero el día a día indica que no es así, pues con todo y sus 68 años y las levantadas a las cinco de la mañana, ha logrado mantener un ritmo de trabajo intenso.
Ahora bien, sabemos que a diferencia de cuando era jefe de gobierno de la CDMX, ya no consume hamburguesas por docenas (era su comida favorita), ni tampoco fuma la cajetilla de Marlboro blancos que acostumbraba, eso sí, sigue tomando siestas por ahí del medio día y por prescripción médica, lleva una dieta más estricta.
Pero el presidente, como cualquier ser humano, puede enfermar y morir, no es Quetzalcóatl, ese problema, de una eventual ausencia se resuelve tal y como se debe resolver, con la constitución en la mano, lo suple el secretario de gobernación y viene la tarea de la cámara de diputados y la vida sigue.
Ese no debe ser el tema y que conste, no se desea que López Obrador se ponga peor, por el contrario, la buena voluntad es que los enfermos sanen.
Lo expuesto por las “Guacamayas” no descansa en cuántas pastillas toma el jefe de Estado, sino el estado de salud del país y sus venas más delicadas, todas vinculadas a áreas de seguridad nacional.
La secretaria de la defensa ha sido colocada en una situación mucho más delicada que la del propio 68 y la tragedia estudiantil en Tlatelolco, en este caso, iremos conociendo la gravedad del México que nos toca, eso sí es para preocuparse, dado de que consiste en la disección de la institución que más simpatías y apoyo recibe de los ciudadanos y el que sea «encuerada» la pondría en una posición de altísima vulnerabilidad, sea por acusaciones o descubrimientos que los papeles de la guacamaya evidencien.
¿A quién conviene este golpe a el ejército? ¿Quién o quiénes desearían que el cuerpo castrense se enfermase?
¿Quién gana si el Ejército pierde?
¿Los narcos?
¿Los gringos?
No es que la salud del presidente sea menor, lo más relevante es el destino de nuestro Ejército.













