Miguel Ángel López Farías

Sigue sin cuadrarme lo de la salida de Santiago Nieto, el hecho de que una boda sea la causante me resulta de tintes esquizofrénicos, puesto que según se sabe, el casorio en la “antigua” no fue pagado con recursos públicos… tampoco me compro lo que algunos colegas señalan sobre aquello de que al presidente no le gustan este tipo de eventos fastuosos, es ridículo si lo colocamos frente a desándalos mucho más graves, tal y como la feria de funcionarios sospechosos de corrupción que rodean al ejecutivo.

Ayer mencionaba en este espacio, que Nieto ya no estaba tan a gusto con el papel que venía ejerciendo en la fiscalía, el aumento de la presión del mandatario por utilizar a la UIF como un fusil, Santiago Nieto se iría llenando de dudas sobre su futuro, pero ojo, no solo por el creciente número de enemigos políticos, sino por ser considerado un “blanco de ataque“ por parte del CJNG, cuyas cuentas bancarias venían siendo congeladas y si algo sabemos que enfurece a los capos es que se metan con sus dólares… pero esto parecería no importar en palacio, pues también se sabe, los de Jalisco han tendido puentes buscando al ejecutivo para alcanzar algún tipo de acuerdo.

Si esto ha funcionado, no lo sabemos. Lo cierto es que el persecutor de los dineros de este cartel está fuera y ahora sin protección oficial, lo cual, hay que decirlo, pone en peligro su vida.

Pero sumemos otro aspecto, la hoy esposa de Santiago Nieto, la consejera del INE Carla Humphrey, fue quien por su voto se decidió negar la candidatura a Félix Salgado Macedonio para la gubernatura a Guerrero, un acto que le ganó el rencor no solo de él señalado de violación en contra de varias mujeres, sino del presidente mismo, pues si algo es bien conocido es el carácter intransigente del de palacio.

El acto valiente de la consejera la envío al paredón.

La boda solo fue el pretexto, en realidad, tanto la paciencia de Nieto, como la confianza de su jefe habían llegado al límite. Resta saber qué ocurrirá con Nieto Castillo, quien de alguna manera queda a la deriva en un escenario en el que poderosos narcos le pusieron precio a su cabeza. Y el presidente parece saberlo.