Miguel Ángel López Farías

Volvemos al pasado, movieron el reloj para atrás y estamos como hace año y medio, misma narrativa, mismos argumentos: el Covid-19 no es tan malo como dicen, López Obrador y a su lacayo Gatell remarcan la plana del “no pasa nada“… y todo es culpa de las farmacéuticas.

En la “mañanera “del martes pasado lanzó otro mantra, no debemos ser consumistas” e hizo referencia de que no tienen certeza científica de que la variante Delta sea una granada de tiempo para los jóvenes y niño… el chiste se cuenta solo, “no ser consumistas” en tiempos en donde se tira dinero a la basura con consultas inocuas (más de 550 millones de pesos).

La ideologización de la pandemia por parte del mandatario y sus secuaces han llevado a esta nación a que se tomen decisiones políticas y no científicas, por ello la tozudez de no usar cubrebocas o toda esa propaganda de la “curva aplanada“ o “la fuerza moral“  tan sobada por López Gatell,  gobierno se conduce bajo  lineamientos de una tiranía, no se toman decisiones prácticas, el gobierno ha impregnado su ideología con dosis  bíblicas, todo se resume  en una lucha entre el bien y el mal (iluminados contra corruptos), aunque ello implique mandar al panteón a muchos más mexicanos, tal y como sucede con el desabasto de medicamentos o la inexistencia de un programa para abatir los niveles de violencia; pero lo del desabasto de quimios para niños con Cáncer es sin lugar a dudas una de las páginas más negras de actos contra la humanidad se tenga registro en México.

En las democracias reales se camina en los rumbos en donde el bien de la mayoría se privilegia, se protege de manera incuestionable a los grupos vulnerables, son los niños y jóvenes, los adultos mayores los receptores de la fuerza de un estado responsable, pero, por el contrario, en los regímenes totalitarios ninguna opinión sensata, ni los argumentos científicos pueden más que el tirano, él y solo el posee la verdad y eso nunca ha llevado a un país a un final exitoso. Nunca.