Miguel Ángel López Farías

Ha pasado muy rápido por la memoria el reprobable acto de la pareja imperial de Nuevo León, Samuel primero y la emperatriz Mariana Rodríguez por el abuso cometido en contra de un bebé de cinco meses a quien le recetaron una explosión en redes sociales como si de un cachorro se tratase.

Un tema que por cierto no volvió a tocarse, pero, en fin, allá los regios y su república de la tiktocracia.

Ese pasaje de abuso se ve empequeñecido con la serie de denuncias que en la chilanga capital brotan, trabajadores de distintos albergues a cargo del gobierno de la ciudad han denunciado con pruebas, una serie de excesos cometidos en contra de pequeñitos y pequeñitas, he tenido oportunidad de ver las fotografías en donde a niños los amarran del cuello, manos y pies… ¿La razón? Por qué se portaron mal.

Lo grafico de las márgenes no dejan lugar a dudas de que se trata de una práctica permitida por las autoridades de estos centros de refugio, la principal acusada es Nadia Troncoso, titular del instituto de atención a poblaciones prioritarias, un arranque depende del DIF de la CDMX.

Las acusaciones han sido llevadas a la CDHCDMX, misma que ya inició toda la investigación. Las carpetas se encuentran en el expediente 21/7575.

A los menores se les ha fotografiado mientras están en el baño, con los pantalones orinados, lavando su ropa de cama a mano y haciendo labores de limpieza, aun cuando deberían tener en estos centros personal especializado en el aseo. 

Todas estas chiquillas y chiquillos provienen de entornos sumamente difíciles, víctimas de abusos, golpes, violaciones, repudiados por sus familias, cuando no es que sea el papa o la mamá la que se encuentren en prisión, un retrato que en nada ayuda a el crecimiento emocional de estos seres humanos.

El gobierno de la CDMX debe corregir esta situación, llevar ante la justicia a los responsables y para toda la sociedad es justo que reflexionemos sobre este tipo de situaciones, la creación de círculos viciosos en donde una víctima de maltrato sigue recibiendo todo tipo de humillaciones, alimentando el odio y exponiéndolo al natural rencor con el que van creciendo…

Las y los niños mexicanos deben ser de la mayor prioridad para todos, sumas cuando una generación está por perderse en un país que insiste en cancelar el futuro de los jóvenes.