Miguel Ángel López Farías

Escuchar el término ÓMICRON, la letra del alfabeto griego en turno se antojaría como si alguien rompiese el ultimo sello del Apocalipsis covidiano y ahora sí, todos a bailar con la más fea… da miedito, y los espacios informativos hemos contribuido a este clima de ansiedad, pero es natural cuando se trata de algo que ni los propios científicos determinan aún si esta nueva entrega implicaría el fin de la raza humana.

¿Es peligrosa esta nueva versión? Tanto como la delta y sin duda vendrán capítulos más rudos en los próximos meses, pues no debemos olvidar que los virus mutan, se hacen fuertes y van invadiendo cuerpos y enfermándolos… hasta que nuestros organismos terminan por hacerse resistentes, y claro que para eso son las vacunas, para acortar las posibilidades de que nos vayamos pronto al panteón. 

Y no quiero ser pesimista ,pero si usted cree que al gobierno federal le preocupa la llegada de ómicron y sus ómicroncitos, le he de decir que no, que no le importa en lo absoluto, que no va a aplicar pruebas a los pasajeros de vuelos internacionales, ni va a apresurar medidas restrictivas para evitar que la gente siga saliendo a las calles como si fuese playa de Acapulco en Semana Santa… que no fue suficiente la prueba del miércoles con el AMLOFest y ese folclórico caldo de seres humanos en el Zócalo, honrando con sudores y saliva a la memoria de don Charles Darwin y aquello de que se morirán los más débiles.

Dejémonos de cuentos, con la ómicron debemos actuar tal y como con el delta, es más, no hay que perder de vista que el Covid-19 llegó para quedarse y que aún faltan muchos más sustos… López Obrador dejará la presidencia y el Covid-19 se reelegirá bajo otras letras del alfabeto.

Nosotros debemos cuidarnos, punto.