Miguel Ángel López Farías

Para entenderlo, lo diré de manera burda: imagínese que nos van a violar, es inminente, y de pronto le decimos al subnormal que nos apunta con el arma que nosotros pagamos el hotel.

Esto mismo está pasando en México con el pago de impuestos a el gobierno de la 4T.

De manera mansa, hemos aceptado que pagar impuestos es bueno, y lo debería ser, pero en términos de las retribuciones, darle nuestro dinero a este laboratorio de enfermedades nos está resultando muy malo.

Lo políticamente correcto es decir que las obligaciones fiscales son necesarias para que el gobierno funcione, está bien… eso si aplica cuando el que lleva la caja registradora efectúa con nuestro dinero una buena distribución, priorizando todo aquel andamiaje que sostiene a el país, que lo convierte en seguro y competitivo…

La paz y estabilidad como puntales, la educación como bujía que ponga en marcha el motor de generaciones y por ende, la consolidación de México como tierra de seres pensantes, de los bien preparados y así nos vamos, con temas de salud, alimentación y todo lo que en este momento no existe.

México es de los países que peor recaudan impuestos, debido a que no existe un “piso parejo”, siendo pocos los que nos encontramos en la caja de ordeña, un sector que debido a la crisis económica y recesiva se ha venido trasladando a la pauperización salarial, sumado a el tonelaje inflacionario histórico.

Lo desquiciado de los “chacas” de hacienda es que se han ensañado con ese sector de la población, de los 80’millones de contribuyentes activos, solo una pequeña franja es la que recibe el golpe… dos millones y medio como sujetos secuestrados por el cártel del SAT… pero no lo voy a hacer bolas con las cifras de los asalariados o quienes son personas físicas o morales, quienes son los grandes contribuyentes y esas cosas.

El insulto brota cuando se comparan las cantidades multimillonarias con el país que respiramos, uno que, evidentemente no refleja un solo campo de beneficios, por el contrario, el nivel de deterioro de la nación nos pinta como si de un estado de guerra y destrucción se tratara.

De una vez por todas, seamos honestos, ¿Se vale que la política fiscal sea afilada como manual de extorsiones mientras la familia presidencial nos escupe en la cara que ellos sí saben vivir con lujos? ¿Es justo que su salario se cercenado para destinarlo a un fracaso como el AIFA? ¿Se le hace correcto que pague multas irreales para alimentar al ganado electoral del partido en el poder?

¿Es humano que sus hijos tengan que vivir con limitaciones gracias a que los de palacio necesitan más dinero para la compra de votos vía los programas sociales?

¿No le molesta el saber que en su vida podrá comprar unos tenis de 160 mil pesos, pero eso sí, tiene en su correo electrónico un aviso de multa del SAT?

¿Debemos aceptar la violación tributaria como parte de la normalidad mexicana?

¿Este abuso haría palidecer a Antonio López de Santa Ana?