Miguel Ángel López Farías
Morena, el partido, refleja con todas sus letras la tragedia, que bien podría ser cómica cuando en realidad es dramática, del cómo se tira a la basura una bolsa de votos que le fueron entregados hace casi tres años.
Carentes de moral, algunos personajes de ese instituto se colocan en la letrina podrida de la política nacional. Los nombres lo dicen todo, pero hay de cínicos a cínicos y el caso de un legislador de su corral señalado de abuso sexual en contra de un menor rebasa lo que ellos mismos han colocado como el nivel de sus vergüenzas.
Lo del diputado Saul Huerta se inscribe en las torceduras mentales de sujetos que contiene este tipo de delitos, pero no neguemos que a ese partido le están brotando todos los escándalos posibles, no tienen remedio y peor aún, insisten en negar que se pudrieron.
Podrían alegar que es solo un penoso caso aislado, pero no es así… hay algo mucho más lastimoso para ellos: el silencio de sus compañeros de partido, las bocas calladas de sus militantes mujeres, muchas de ellas madres de familia, con hijos tal vez de la misma edad que el pequeño que fue abusado.
En serio que no tienen remedio, no saben, no supieron detentar un cargo, el poder que su “pueblo bueno” les otorgó, se intoxicaron en las alturas, borrachos de tanto festejar la ilusión de que nada les pasaría bajo el manto de su mesías… cierto, no todos son iguales.
Existen buenas trayectorias y buenas mentes, que bien podrían ser útiles a México, pero su silencio los hace cómplices en el viaje hacia el descaro.
No tienen remedio… la voz suplicante de este diputado de 63 años, seguramente padre de familia, rogándole a la madre del joven “llegar a un acuerdo económico, se lo suplico, se lo voy a pagar con creces, no me destruya”.
Ellos destruyeron al país… y no hay acuerdo de ningún tipo que alcance para restablecer el daño que un partido, emergido del rencor y desesperación de muchos mexicanos que vieron en el voto la forma de castigar a Peña Nieto, hoy hayan llevado de la mano a una sociedad a lo oscurito, endulzando los oídos con promesas de un mejor futuro, llenando los estómagos de esperanzas fatuas y del fin de todos los males económicos y de inseguridad.
Nos mintieron, sistemáticamente nos han defraudado… a todos, solo que algunos siguen aceptando el acto de violación, así sea un ministro de la Corte que por dignidad propia debería decir NO al canto de la reelección y aquellos incautos que creen que con una dádiva mensual resolverán todos sus escenarios catastróficos inmediatos.
El silencio de Morena ante actos como los que todos sabemos los hace iguales a un abusador sexual o un defraudador de conciencias. No tienen remedio.















