Miguel Ángel López Farías
Mientras el show de poca monta de las justificaciones presidenciales continúa y al mandatario y su partido Morena se le hace “bolas el engrudo” tratando de “explicar” la corrupción de su familia, nuestro México supura sangre.
Olas de ejecuciones en zacatecas en donde cuatro estudiantes son levantados y asesinados y en Michoacán varios de sus municipios respiran la deshumanizante condición de ser zonas de guerra o el poderío de los cárteles en Quintana Roo y la simulación de gobierno que allá se ejerce, Morelos y un bravucón ex jugador de fútbol que se siente más cómodo tomándose fotos con sicarios que intentando darles paz y tranquilidad a los habitantes de ese estado…
A todo esto, súmele el incremento del 3% en los delitos de secuestros que como “bono infernal” se añade a nuestra Guernica mexicana (la Guernica es el cuadro pintado por Pablo Picasso y que hace referencia a él bombardeó a Guernica durante la guerra civil española).
Michoacán, con todo y que las fuerzas federales entraron a la región de tierra caliente, arroja el mayor número de plagios, seguidos por el Estado de México, Zacatecas, Quintana Roo, Veracruz y Morelos, entidades que han recibido el mayor número de apoyo en efectivos policiacos, militares y económicos, pero que no han podido ser controlados y esto, hay que decirlo, más que un “paquete” de la Federación, se trata del fracaso de los gobiernos locales, algunos que recién llegan (cómo es el caso de zacatecas y Michoacán) y cuyos nuevos gobiernos encontraron un verdadero desastre, con estrechas soluciones y que implicará un mayor esfuerzo de limpieza de las policías municipales y estatales para arrancarlas de las manos del crimen organizado.
Pero los otros estados, como Veracruz, Quintana Roo y Morelos, llevan un buen tiempo “nadando de a muertito” frente a el control que poseen las decenas de cárteles en esas regiones.
El signo común de estos gobernadores es haber entregado las plazas a los grupos criminales, bajo la sospecha de componendas y muchísima corrupción, por lo que no sería extraño que, en poco tiempo, alguno de estos ejecutivos estatales terminase en la cárcel, pues obvia mencionar que sus estados “apestan” a acuerdos siniestros.
Los habitantes de los estados que sufren este abandono por parte del Estado Mexicano, son las mayores víctimas de la “renuncia técnica” de un mandatario a hacer valer el estado de derecho… el empoderamiento de los barones de las drogas se dio desde el momento mismo que el jefe de las fuerzas federales les envío una “patente de corso”, no solo al de Sinaloa sino a todos, permitiendo que las reglas de los criminales se aplicarán sin ningún tipo de contrapesos, más bien, lo que se hizo y ha hecho ,es simular que existe una fuerza del Estado, con una Guardia Nacional “atada de manos” y un ejército dedicado a hacerla de albañiles y por supuesto que no es culpa de los elementos, sino de la aún poderosa cabeza que les dicta que a los malos nomás hay que verlos pero no detenerlos… y ahí las consecuencias, un México que revienta por todas partes gracias a la única industria que no quiebra ni despide gente: el crimen organizado.












