Miguel Ángel López Farías

Aunque el caso de Norberto Ronquillo tiene pocos días, se cumple el ritual del enfriamiento informativo… Como si nada hubiese ocurrido las páginas del día a día dan vuelta y a otra cosa, a seguirle… la respuesta de las autoridades de la ciudad de México se plasma en una inversión de 180 millones de pesos para comprar armamento, tecnología y equipo, además crean dos grupos tácticos de policía.

Es de risa loca, los delincuentes tiene mejores armas y más dinero, hemos sido testigos durante años de distintas respuestas que son más del orden cosmético que realmente funcionales… y aunque Claudia Sheimbaum fortalece sus líneas de acción al sumarse a la guardia nacional y llevar a cabo ajustes en los mandos policiacos, no se puede negar el hecho de que la ciudadanía ve esto con ojos de desconfianza…

Tenemos que ser honestos, los delitos de alto impacto no son contenidos por que en el mundo de la las leyes en la ciudad de México no existe la firmeza ni la efectividad para dejar en claro que los delincuentes tienen que pagar por sus fechorías.

Esto es el mundo al revés, nos muestran, como festival de la primavera, un desfile de uniformes nuevos, con buenas intenciones por hacer, ahora sí, un trabajo de inteligencia y de rastreo para acabar con los maleantes, pero en los sótanos de los aparatos policiacos se continúan con  las mismas prácticas.

Los criminales, lo reitero una vez más, no tienen miedo de ser detenidos, se saben impunes en un ambiente en donde la corrupción y lo torcido de los ministerios públicos les permiten contar con puertas giratorias que les darán la libertad. Dejemos de simular que vivimos en un estado de derecho y preguntémonos el por que quien comete un crimen no tiene  temor, no sabe de límites, ni mucho menos cruza por su cabeza la posibilidad de recibir un justo castigo.

Es tiempo de dejar la parafernalia y discutir en serio sobre otro tipo de medidas y aunque se escuche brutal es necesario aplicar la pena de muerte a alguien que secuestra o asesina… o si se prefiere, revisar a fondo el sistema de justicia penal, romper todos los paradigmas que han podrido el sistema de justicia, revisar sin contemplaciones a los cuerpos policiacos y sanearlos totalmente, que se queden los buenos elementos y los malos que vayan a dar a la cárcel, pero una prisión que les deje huella, que los mantenga realmente encerrados y sin posibilidades de operar desde una celda con todo y telefonía celular.

Los criminales están ganando por que la sociedad, estos gobiernos, el estado mismo es una caricatura de estado de derecho, porque llevamos años simulando combatir a los criminales con saliva y comandos especiales, pero nunca se ha querido entrarle con bisturí a la madre de todos los tumores que nacieron y son parte nuestra de la corrupción, impunidad y una maquinaria policiaca y de investigación podrida.

Se nos ha olvidado que los que deben tener miedo deberían ser los delincuentes y no al revés.

¿Por qué le tienen tanto temor a un golpe de timón? ¿Por qué no se atreven a endurecer la aplicación de justicia? ¿Por qué un secuestrador merece vivir si ellos determinan matar en vida a los plagiados y a sus familias? ¿Por qué los que gobiernan han dejado que nuestra ciudad se convierta en el paraíso de los criminales y no de los ciudadanos? ¿En qué momento nos volvimos tan cobardes?

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