Miguel Ángel López Farías

En 2021 se registraron 35 mil 625 homicidios en total en el país, la mitad de estos fueron cometidos en contra de jóvenes, de los 15 a los 35 años. Las cifras las ofrece el INEGI. No hay falla, la gráfica es un crudo retrato del México de nuestros días, sangriento, desquiciado y muy, pero muy descompuesto.

La mezcla para que se dé este pequeño holocausto bien podríamos achacarla a el gobierno federal, pero me temo que tiene una profundidad diferente.

Descansaré en la respuesta social ante este fenómeno, una que, en los actos, este cuerpo llamado nación se ha encargado de normalizar, México, todos los que actuamos en esta tierra, hemos llevado nuestros pasos hacia la morgue de lo cotidiano, amoldados a la insensibilidad y una variante de amnesia colectiva.

Los jóvenes asesinados son tan nuestros como los de una familia, y una gran mayoría son víctimas de contextos sociales y económicos muy duros, enviarlos a el archivo de que murieron por que estaban metidos en el narco no responde a el rompimiento de los tejidos de una sociedad.

Del gobierno ya poco podemos asombrarnos y algo peor, le queda menos tiempo para remotamente cumplir un 10% de las promesas de campaña, por ello, el jalón de conciencia recae en no un puñado de personajes de la política, sino en lo compete a un México, que nos cansamos de decirlo, somos muestra de solidaridad y si me permiten, logramos alzar mareas de lágrimas cuando una selección de fútbol juega en un mundial.

Las prioridades en México han muerto, cómo navegantes de un mundo zombi en el que solo interesa comer la carne de el de al lado sin mayores gestos.

El puyazo que se debería sentir por la muerte de tantos jóvenes ya hubiese derrumbado varios muros de lamentos en otras naciones, no me imagino en España o argentina que semejante locura se permitiera. Aquí es tan sencillo clavar los ojos en el celular o la televisión, mientras los chamaquitos son ejecutados.

Nuestro lado “cómodo” ya nos amoldo para pensar que esto es solo tarea de un gobierno, mentira, pues se nos olvida que esta misma sociedad, de ojos entrecerrados y mentes adormecidas, solo esperan que la ruleta de las tragedias toque a nuestra puerta, entonces sí, cuando nosotros o uno de los nuestros sea parte de la numeralia de asesinatos, es que estallaremos en furia, pidiendo que alguien nos ayude.

¿No nos damos cuenta de que no es un totalmente un problema de los mentirosos políticos? ¿No nos damos cuenta de que es u tumor que nos enferma a todos?