Miguel Ángel López Farías

Mientras se intenta canonizar a la CFE como el modelo de generación eléctrica, honrada y virginal, vemos que tiene cadáveres que deberían provocarle que el rostro se les caiga de vergüenza… ¿Se queja usted de los altos cobros por la luz? Eso es “pecata minuta”.

Un pecado menor ante un verdadero atraco que se lleva a cabo en el estado de Chiapas. Aquí la historia: entre el 17 y 18 de enero del 2018, un viejo transformador de la CFE provocó un incendio en una parcela rural del municipio de Arriaga, los chispazos generaron una conflagración de tonos bíblicos, arrasando con ranchos, propiedades de pequeños y medianos agricultores, ganaderos… el infierno, como suele suceder en este México reactivo, fue advertido días antes, cuando el en el poste de luz salían chispas…

El fuego era cuestión de tiempo, pero ni las autoridades de protección civil de ese municipio, ni las estatales hicieron lo que debían, (cabe mencionar que en esa región de la costa se manifiestan las corrientes de aire más agresivas del país, “el norte” es el mejor acelerante del fuego con ráfagas de viento de más de cien kilómetros por hora).

Cerca de 2 mil hectáreas fueron arrasadas en sólo unas horas, dueños de vacas y becerros, vieron achicharrarse a su ganado, ranchos y bodegas fueron devoradas por las “lenguas” píricas pérdidas millonarias, pero, sobre todo, los años de trabajo y esfuerzo acumulados por parte de agricultores y ganaderos que en un tris se fueron al infierno…

Vino el peregrinar, pruebas y denuncias que se treparon en un carrusel de visitas a la capital del estado, ese viacrucis en Tuxtla Gutiérrez, campesinos rogando por un poco de justicia… vinieron los peritajes, y después de tanta presión la CFE reconoce que sí, que sus cables y transformadores fueron los culpables.

2016, año del incendio, casi al año de cumplido el acto, la CFE debería haber pagado la risible cantidad de seis y medio millones de pesos (una mofa de dinero pues el costo total de cosechas pérdidas, tractores, ganado, kilómetros de alambres de púas, maquinaria para pozos de agua, de riego, bodegas para alimento y todo lo que se relacione con el campo son difíciles de cuantificar).

Le digo, por estas fechas, casi cuando se cumplen 4 años de esto, con dictámenes periciales, con el reconocimiento por parte de la CFE y la indicación de un juez para que se cumpla con el pago, es que burócratas de la propia Luz y Fuerza se han encargado de ir enterrando el tema, por la vía de argumentos pueriles, retardatarios, en un ánimo de no cumplirle a estos mexicanos en Chiapas. 

Tal vez para el horizonte de los fenómenos mediáticos no pese este tipo de sucesos, pero para estas familias el perder su patrimonio les significa todo. El que la CFE “chicanee” esos dineros que deberán ser utilizados para enmendar un criminal descuido es por decir lo menos que un acto de miserable corrupción.

En Chiapas poco se ha hecho caso de esto, los políticos de allá respiran y chapotean en grillas, ajenos a este tipo de dramas.

Pero cuidado, Chiapas es cada vez más un polvorín que promete con volar en mil pedazos, con el brote de autodefensas y movimientos guerrilleros, y, por si fuera poco, se eleva el enojo en la región costera del estado ante la arrogancia de una CFE y la sordera de un gobernador profundamente gris, chiquito.

Y queda la pregunta: ¿Para esto buscan una contra reforma eléctrica? ¿Para que la CFE se pase las leyes por el arco del triunfo? ¡Primero resuelvan estos desastres y después convenzan a la sociedad de que efectivamente son diferentes a los de antes!

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