Miguel Ángel López Farías

Acostumbrados a observar las pistas del circo cuatroteista es que hemos dejado de lado la mayor tarea a ejecutar: la recuperación económica. De alguna manera comienza la sociedad a proyectarse hacia adelante, con todo y pandemias y tumores de violencia.

Pero la base de la reactivación de los dineros no es tomada en serio por este gobierno, es sencillo deducir que por la mente del mandatario se prioriza la creación de más pobres, que como animales de granja son alimentados por una cascada de apoyos económicos… administrar el hambre y el miedo a perder los tres o cuatro mil pesos es el “poder” de presidencia.

Solo que el daño es mayor, asentado en la destrucción de la pequeña y mediana empresa, un ejército de “emprendedores“ que habitan una auténtica pesadilla, golpeados por el tsunami de la recesión, misma que arrancó desde la toma de protesta del Palacio y que se profundiza con los infectados por Covid-19, México y el mundo entraron a terapia intensiva, pero en nuestro caso, ha sido el propio gobierno el verdugo de los pequeños y medianos empresarios, sumando a últimas fechas a jugadores de mayor peso en la economía. 

La maquinaria oficial, sus engranes para la reactivación y la obligación del Estado se esfumaron, y no solo abandonaron su responsabilidad ante los generadores de empleo e impuestos, sino que los llevaron a picota al llamarlos “aspiracionistas“, ”clasemedieros”, “conservadores“, ”egoístas“ y toda una lista de descalificaciones de corte propaganda hitleriana.

Nadie vio por estos mexicanos y mexicanos propietarios de tienditas, talleres, empresas, proveedores, los dejaron a su suerte, los fueron matando solo porque el presidente los desprecia. 

Viene lo más complicado: rescatar lo que queda, como damnificados de un terremoto con epicentro en Tabasco. 

Toca que se generen los esfuerzos creativos y activos para que millones de familias vuelvan a respirar bajo el amparo de un empleo, de un salario digno, no de dádivas, no de el cruel concepto de una transformación en donde es mejor ser narco que empresario o investigador.