Miguel Ángel López Farías
En unas horas habremos dado fin al 2022. Los límites de fechas gregorianas se empatan con el descenso del sol viejo y veremos el nacimiento del nuevo ciclo, tal y como los mayas trazaron.
La católica celebración de la Navidad queda atrás, es el tiempo de lo terrenal, cortes de caja y de sentidas despedidas, de recurrir al ancestral ejercicio de la llama de la esperanza. 2022 es, cómo ha sido los últimos cuatro años, un viaje de locura por pandemias y cuadros dantescos de muerte y violencia, pero también de el asombroso equipamiento para la reconstrucción del ser humano…
Hace dos años, hace uno, estas fechas eran para los cubrebocas y los pésames, hoy es uno bañado con tinta especulativa, de mucha política y de más apasionados debates entre una sociedad que no es buena ni mala, es una que despierta a lo electoral como si de un partido de fútbol se tratara.
El 2022 se ha escurrido grotescamente, dejando el mal aliento de que nos hemos perdido, de que se nos vio la cara, de que fuimos robados, que se nos traicionó… o bien, para algunos han sido tiempos de cambio y de renovación, de saltos cuánticos en materia de combate a la corrupción o de una prosperidad que ya tocaba… cada quien sacudirá su bolsillo y en lo íntimo se dirá si le han visto la cara o es justo lo que esperaban de un gobierno.
Cada quien con sus razones y raspones. 2022 es para una gran mayoría, la fecha en que hasta la selección nacional regreso a la vitrina de la grosera mediocridad… Pero ¡qué importa!, Grupo Firme ya tocó en el Zócalo y para el siguiente viene Bad Bunny, eso y unas caguamas bastan para anestesiar la derrota.
¿Somos los mexicanos tan malos como para no merecer algo mejor? Más bien, estamos derretidos ante un sutil miedo que nos paraliza, que volvió a nuestros huesos en una armazón oxidada, de ahí que lo único que nos importa es agacharnos ante las malas noticias, cómo si fuésemos niños en la escuela escuchando una balacera en la calle.
¿Qué lección nos dejará el 2022? ¿Que se lleva usted a la bolsa? Este ejercicio íntimo de preguntas y respuestas debería estar en la canasta básica de las 12 campanadas… y como cita la frase filosófica, es imposible cambiar el pasado para modificar el presente, pero es posible cambiar el presente para tener otro resultado a futuro. A ello le debemos llamar conciencia.
El 2022 nos deja un casillero por llenar y es el de la reconciliación, a los mexicanos nos urge volver a abrazarnos, acompañarnos, volver a la cura de la solidaridad, de la vitamina de la empatía, misma que nos ha permitido salir adelante en otras etapas de nuestra historia.
Recordemos las tragedias naturales, los varios terremotos, huracanes, inundaciones, incendios… en todos estos casos, el hombre y las mujeres mexicanas se convierten en cubetas con agua, en palas humanas, en máquinas para servir café, para sacar a los heridos, para llevar despensas, para curar a animalitos, para movilizarnos en un mágico concierto de almas… no hay desconocidos, todos se apoyan, es la gran cadena mexicana, todos rezamos el mismo salmo… ¡México, sí se puede!
¡México, está de pie!
La poesía es instantánea, voluntaria. Sin ricos ni pobres, solo humanos ayudando a humanos.
Eso es lo que está por venir para el próximo año y el siguiente y los diez años por delante, una de construcción de la familia nacional.
Ya nos demostraron que nos pueden dividir, nos toca levantar la voz y los brazos para tatuar la misión del ser uno solo cuerpo.
Y claro que se debe acabar con la pobreza, pero no así, condenado a los mismos de siempre a los calabozos de la miseria.
Claro que se debe combatir a los violentos y asesinos, pero no persiguiendo a unos y atacando a otros, narcos de casa y narcos enemigos.
Claro que la corrupción es el mal de todos los males, pero no más de esos ejemplos de la hipócrita corrupción oficial, misma que todo permite entre los suyos, y la corrupción de los de enfrente, que ha merecido el despiadado ataque de este gobierno.
Claro que la desigualdad social nos ha lastimado, pero no se empareja la balanza elevando una cacería de brujas en contra de quienes tienen más recursos, es la educación y mejores oportunidades las que logran el milagro de menos pobres y más clase media y alta.
Por supuesto que el sistema educativo es nefasto, pero no se rompen con las inercias de la medianía tropicalizando aún más a la educación pública, se requiere una reingeniería salarial y de apoyos a los maestros y de una mejor calidad en la instrucción para las y los niños… hagamos que piensen y que crean en sí mismos, que se nutran de más razonamientos y menos fanatismo.
El 2022 significa ir saliendo de la plancha de operaciones… viene la recuperación, un 2023 que aplicará sus propios exámenes, que ya viene como una dura prueba para este país.
Los 365 días de enfrente se irá resumiendo en una sola pregunta: ¿Qué haremos por México?















