Miguel Ángel López Farías

La inflación en México es histórica, varios factores golpean a los bolsillos de las familias, incide lo foráneo tal como ocurre con la guerra entre Rusia y Ucrania o la cruda de la pandemia por Covid-19

Pero en el caso local, uno de los mayores impactos se ha dado a un mal manejo de la economía por parte de un presidente que es experto en temas de elecciones, pero no de gobierno ni de administración económica.

Casi a principios de año, el mandatario anuncio en el reality show de las mañaneras el que habría de lanzar una indestructible cruzada de control de precios de varios productos, lo que provocaría que, en un mes, la inflación comenzará a ser domada (así como fue domada la pandemia).

López Obrador, con su estilo impositivo, creyó que su sola oratoria le bastaría para que por arte los mares de la carestía se abrirían y el pueblo pudiese caminar sin recibir un solo incremento a sus productos.

La terca realidad le volvió a gritar en el rostro que así no son las cosas, los precios siguieron en escalada, las economías familiares continuaron exprimiendo sus pesos para que les alcanzara para el kilo de tortillas o el huevo.

No se requiere exponerle gráficas ni numeritos sobre economía, basta con preguntar a una ama de casa si ese billete de 200 o 500 pesos le rindió en el tianguis o en el supermercado, si al automovilista le llega a doler el estómago cada que pasa a cargar gasolina, si él o la oficinista le piensa para irse a comer a una fonda o mejor se lleva sus tápers con arroz y huevo para comérselos en un parque.

Respiramos crisis económica y chapoteamos en recesión gracias a qué como el Covid, el gobierno de AMLO ignoro las señales de que el avión iba en picada, hizo exactamente todo lo que no se tenía que hacer, López Obrador paralizó la economía al bronquearse con los generadores de empleo, les escupió en el rostro a los  empresarios, ha aplicado una de las medidas más absurdas de todos los tiempos, recortes en áreas vitales para el funcionamiento de cualquier economía, las medidas de austeridad solo generaron más pobres y hoy los programas sociales rebasan en montos a los del sector salud o educación, solo que dichos programas no son generadores de riqueza ni obedecen a cadenas productivas, pues si espíritu es meramente electoral…

Creando una tabla ficticia de salvación con dinero que no proviene de la creación de riqueza, sino de los impuestos, en resumen, la recaudación hacendaria no es para mejorar la economía del país o sus servicios, sino para mantener una burbuja social que una vez que se acabe el dinero se transformaran en quién incendien palacio con todo y sus Tlatoanis adentro.

Hoy, el presidente vuelve a reunirse con los grandes empresarios, les pide que juntos trabajen para aplacar los precios, las promesas van y vienen, Andrés Manuel sigue creyendo que son sus empleados y que habrán de cumplir con su sagrada autoridad.

La realidad es otra, México vuelve a caminar por el sendero de aquellas crisis brutales de los 80’s y 90’s, solo que ahora tenemos un jugador extra, el crimen organizado, mismo que ya opera como un gran consorcio de cobro que potencia la hiperinflación en zonas del país en dónde los criminales manejan precios y rutas de los productos.

(Recomiendo leer la cumbia de Luis Maldonado de el universal), las bandas del crimen ya entendieron que el gobierno no los molestará y ahora juegan con las economías regionales, son, de facto, la versión delictiva de Hacienda y Crédito Público (y no hay mucha diferencia).

¿Y a todo esto, que piensa hacer el gobierno de López Obrador?

Exacto, no tenemos la más mínima idea… y a eso se le llama, no tener vacunas para la pobreza que está expandiéndose por todo el país.  ¿Verdad que Venezuela no está tan lejos ahora?