Miguel Ángel López Farías

Si, el gobierno de la 4T no niega que deban y mucho, a miles de proveedores que en este momento se encuentran en puntos de inanición debido a la falta de liquidez, el caso de Pemex y su deuda con empresas que ya cumplieron con contratos y fechas es solo una de las caras de la moneda pero existe una serie de elementos que aumentan la preocupación en los horizontes económicos y financieros de todo el país, que a pesar de que el discurso oficial insiste en asegurarnos que todo va bien, en las arenas de la realidad se respira una autentica incertidumbre, pues una de las mayores dudas razonables es que no podemos asegurar que sepan que es lo que están haciendo.

Lo explicare de manera mucho más sencilla: para que el país funcione se requiere de ingredientes tan elementales como claridad en la ruta económica, el que se va a hacer desde el ámbito de la función publica, y esto implica el gasto que el gobierno realizará, pues si bien se ha concentrado en rubros como el gasto social (becas, apoyos, dinero a los sectores más necesitados), esto no significa que se esté afianzando una estrategia que impulse realmente la productividad, por el contrario, la sequía en materia de inversión se limita a tres o cuatro obras de gran calado, como puede ser lo de Santa Lucia, o el Tren Maya, pero de ahí hacia abajo existe una especie de pauperización del gasto, entiéndase como el apoyo a la infraestructura y no solo es tema de abrir más carreteras, (que terminan siendo propiedad de particulares, con casetas carísimas) sino que en el país se necesita una enorme inversión para otro tipo de obras, como lo es los trenes rápidos, aeropuertos y más modernos, mejores puertos marítimos, hospitales con todo el equipo y personal, escuelas realmente modernas y no jacalones.

El gobierno se tiene que convertir en el principal promotor de la inversión, hacerlo de la mano de empresarios que no carguen con la etiqueta se ser cuates de los funcionarios del momento y que reúnan los requisitos de experiencia y honradez, se debe provocar, desde Palacio Nacional mismo, el que la cartera de los mexicanos se llene de dinero, y esto solo es posible con políticas económicas mixtas, en donde ni todo el Estado juegue solito ni todo se concesione a la iniciativa privada.

Llevamos años, décadas rindiéndole tributo a el liberalismo económico, cediendo la potestad a lo privado sobre lo público, generando una nata de servidores públicos, de políticos que encontraron la vía rápida para convertirse en multimillonarios, corruptos hasta el vómito, toca ahora que el mundo de la inversión y sus cadenas productivas sean el más sólido referente de un gobierno que muestre que ha entendido esto de ser cabeza de proyectos, con mayor sensibilidad, sin esos rasgos de arrogantes perdonavidas con la que muchos se están conduciendo en estos primeros diez meses de gobierno.

Muchos sectores económicos en México esperan que ya no se postergue más el relanzamiento del país, de sus engranes económicos, que el gobierno deje de amenazar y tildar a todos de corruptos, mientras se les niega el derecho a recibir el pago por los servicios prestados, el mandatario encontraría un gran aliado en sectores hoy terriblemente golpeados por la torpeza de muchos de sus colaboradores.

El presidente debe entender que ningún pueblo puede ser feliz, feliz, feliz si carece de buenos salarios o de empleo, y esa tarea es en definitiva responsabilidad de un buen gobierno, uno que trabaje con sentido común y no con dogmas o fantasmas del siglo XIX.

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