Miguel Ángel López Farías

No, no nos confundamos, la historia es una a principios de mayo, elementos de la policía ministerial de Ixtlahuacan de los Membrillos, Jalisco, levantaron a un joven albañil, Giovanni Lopez  y a punta de golpes lo asesinaron, el argumento fue que no traía cubrebocas, fractura craneoencefálica y un balazo en la pierna izquierda, así fue el reporte del forense, el video del levantón estallo hace unos días y el espejo de lo que en los EU sucede es innegable, la brutalidad policiaca los tasa igualito, allá un hombre de color, aquí un albañil; no nos equivoquemos, la muerte de este mexicano es la misma película que tantas veces hemos visto, elementos policiacos mal preparados, agresivos , rotos en principios básicos como el de respetar los derechos humanos, policías de un municipio que son incapaces de enfrentarse al Cartel Jalisco Nueva Generación pero si tienen la fuerza en montón para estrellar la cabeza de un individuo que se resistió a ser castigado por no traer cubrebocas.

No nos distraigamos, lo de ayer en palacio de gobierno en Guadalajara es reprobable, la furia de los manifestantes tiene raíz si miramos el bosque completo, el gobernador Alfaro puede acusar a Morena de estar detrás de la manifestación y puede que ese partido y sus profesionales del desmán se ceben las manos avivando el fuego en contra de un adversario público del presidente de la República, pero desviar la mirada de la verdadera acción cobarde es no entender que muchos mexicanos están fastidiados de que sean objeto de todo tipo de canalladas, comenzando por esa recua de policías de Ixtlahuacan de los Membrillos y terminando por una grosera colección de servidores públicos que desde cualquier cargo dedican el mayor de los desprecios a millones de mexicanos.

Cuidado, los pequeños incendios en el país podrían salirse de control, pues la gasolina de la división y el rencor ya llego hasta los huesos y solo es cuestión de que la boca del diablo avive más las llamas, la lista es larga: mujeres golpeadas y asesinadas sin ser atendidas por la federación, marcharon y se hicieron escuchar, pero fueron menospreciadas desde Palacio, padres de niños con cáncer que día con día alimentan el dolor de ver a sus hijos morir sin una respuesta clara de los sectores de salud, el ejercito de frustrados que van perdiendo sus empleos, micro y medianos empresarios y que entierran años de trabajo y ahorros porque la pandemia y la indolencia gubernamental los sepulto, millones de mexicanos que pasan saliva cuando los criminales tocan a sus puertas, jóvenes que en este momento no tienen empleo, el encierro, la ansiedad por no saber hacia dónde se dirige el país, el hartazgo de aquellos que creyeron que por fin llegarían los incorruptibles pero no, la tragicomedia nacional se vuelve a repetir, solo que los elementos de caos hoy son más latentes, pues lejos de encontrar un eje presidencial de estabilización, es todo lo contrario, pues para la ecuación del mandatario, dividir a los mexicanos es seguir venciendo.

Hasta que la paloma de la guerra llegó y la posibilidad de una conflagración mayor es hoy mucho más real que en el 94, revisemos los periódicos de esa época, solo eso.