Miguel Ángel López Farías 

¿Es la elección más grande de la historia o la carrera por obtener el premio a la mayor estupidez? La urgencia de los partidos políticos pequeños por seguir en el abrevadero los arroja a una pista de circo vergonzosa, con payasos que repiten la misma rutina, sosa, intragable, ridícula para sí mismos.  

Podríamos concentrarnos en los dichos de un personaje como Alfredo Adame, a quien el partido RSP lo impulsó como candidato a diputado local por el distrito 14 de Tlalpan.  

El punto no es si se “chinga” o no 25 mdp o si ese partido es de AMLO, el tema desnuda el encogimiento de la razón y de la honestidad a niveles nunca antes visto, pues el que un actor proveniente de una de las industrias más lobotomizantes de México como lo son la fábrica de telenovelas responde a la mecánica mental de políticos que saben que se puede ganar una elección con un orangután o un loro (me disculpo con estas especies que lo que no tienen es ser corruptas) y que un sector de los votantes iría a sufragar sin chistar. 

Adame es solo un zombie con sonrisa perfecta que entiende que el negocio es joderse el presupuesto de campaña y se atreve a expresarlo porque en este país se asentó una cuadra de ladrones que se han ido apoderando del país. 

El ser honrado es mal visto y ahora se trata de ser cínico pues las fronteras que antes no se burlaban ahora se violan todos los días desde el púlpito más alto de la nación… ¿por qué razón Alfredo Adame debía ser distinto si el país entero vio la serie de Pío y los millones de pesos para la campaña de su hermano?  

Adame no está diciendo nada distinto a lo que muchos de su rasero harán, me refiero a esas otras y otros candidatos que surgieron de las fuerzas básicas del ridículo para NO GANAR una elección, sino quitar votos a los enemigos de morena y permitir que el santo oficio no se vaya de palacio, mismos candidatos y candidatos que como “Paquita” o “Cuquita” o el “Pato” o “tinieblas” o D’Alessio o Gaby Goldsmith, figuras sin ningún tipo de experiencia pero que para los “promotores” de los partidos les significan taquilla. 

O sea que a los contribuyentes nos toca pagar por un pésimo show, de la más baja calidad… eso sí, ¿cuántos de estos entrenarán cada o autos cuando su comedia haya concluido? 

Alfredo Adame es todo lo inculto e ignorante que se desee, pero no está mintiendo: el cómo muchos también se van a llevar una fuerte billetiza a la bolsa, o creen ¿qué desconocen el camino que mostró un personaje que durante 18 años ha vivido de los jugosos frutos de la permanente campaña? 

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