Miguel Ángel López Farías

Todo el gabinete, muy acomodados en la panza del avión de la Fuerza Aérea, un vuelo para inaugurar la primera de tres pistas del aeropuerto Felipe Ángeles, a ladito del de Santa Lucía.

El paseo duro 11 minutos, como chamaquitos, los mandamases de la 4T se tomaron fotos, videos, calificaron de HISTÓRICO este evento, el avión llegó a la base militar, no al aeropuerto civil, pero traían ganas de “estrenar” la obra magna.

En otros tiempos, este evento hubiese significado todo un suceso, merecedor de reflectores y grandes comentarios en todos los pasillos de la comentocracia mexicana, pero no, las ganas de tomarse un retrato en medio de un aluvión de tragedias puede más que la sensatez que reclama estos tiempos.

Cualquier cosa que el gobierno impulse en materia de inversión y de nuevos proyectos siempre será una buena noticia, pero en este caso, lo del aeropuerto y su pírrica pintura solo nos recuerda que para el presidente pesa más la agenda electoral que la lista de personas fallecidas por COVID, un jefe de Estado que demuestra que lo realmente importante son los cortes de listón y no redirigir las baterías estratégicas y económicas de su gobierno hacia aquellos frentes de batalla en donde urgen los apoyos para mitigar la crisis humanitaria que su administración provocó.

Millones de mexicanos no viajarán en avión, millones no se van a la cama pensando a qué horas saldrá su vuelo, millones están hundidos en la peor crisis de sus vidas y no es en lo absoluto sensible por parte de su gobierno el que prefieran reunirse todos en gabinete rodeando a su jefe que juntarse para establecer un plan real que saque a este país del colapso sanitario y económico. Ni el aeropuerto de Texcoco nos habría dolido tanto, ni toda la supuesta corrupción que señaló el mandatario nos habría dolido tanto.