Miguel Ángel López Farías

Demasiado polvo ha generado los dichos del general secretario de defensa Crescencio Sandoval sobre el apoyo al proyecto de transformación impulsado por el gobierno federal, o sea, “palmaditas castrenses a la 4T”. 

Desde Marcelino García Barragán, quien manifestó públicamente su apoyo a Gustavo Diaz Ordaz, con todo y el contexto de los sucesos en Tlatelolco en 1968, no se había elevado tanto la voz por el apoyo del militar de más alto rango hacia su jefe, el presidente de la República.

El actual secretario de la defensa no creo que deba ser considerado un hombre contrario a la democracia, más bien deberíamos conocer la opinión de los demás elementos de nuestro Ejército y Fuerza Aérea.

En sus dichos arroja lo que el alto mando militar cree o confía creer como parte de su lealtad hacia quien los representa en el mando civil, pero esto no asegura que se piense de la misma forma en la tropa, ahí se opina distinto, de manera discreta, pero entre los hombres y mujeres de verde olivo existe una radiografía muy clara sobre el tipo de gobierno que los encabeza…

He tenido la oportunidad de platicar con muchos de ellos, sobre todo con los que ocupan regiones “calientes” por el control del crimen organizado… ahí no se escucha lo mismo que dicen sus mandos.

La liberación de Ovidio Guzmán “El Chapito” generó mucho enojo entre oficiales y tropa, la captura por parte de autoridades norteamericanas de un ex secretario del defensa muy apreciado como el General Cienfuegos y aquel señalamiento en las mañaneras en donde el mandatario no hizo mucho por defenderlo, sembró la impresión de que López Obrador lo había dejado a su suerte.

Para los que desconocen cual es la naturaleza del ejército y sus reglas, impregnadas de una lealtad férrea y de principios como el honor y el espíritu de servicio, no alcanzan a entender que ponerlos de “albañiles” en obras como las del Aeropuerto o Tren Maya, no solo son inentendibles para ellos, sino que hasta insultantes… pero, insisto, esto ocurre en la amplia base militar, hacia arriba es otra cosa, ahí, muchos altos mandos están viviendo  la jauja que generan las obras y construcciones, una recompensa que amerita ser devuelta a manera de guiños.