Miguel Ángel López Farías
Le quiero pedir que me acompañe con la imaginación, supongamos que tengo un amigo el cual, por su buena posición laboral me invita para ser una especie de socio, me dice que si le doy un porcentaje de mis ingresos él se encargará de que mis necesidades se vean cubiertas, le doy 25 % de todo lo que gane y él le va a dar mantenimiento a mi casa, no me fallara la luz, si enfermo ,mi socio se encargará de que yo reciba la mejor atención médica, si un malandro merodea mi propiedad o quiere agredir a alguien de mi familia, el socio – amigo, héroe, será quien se encargue de que ningún delito ni crimen sea llevado dentro o fuera de mi casa o trabajo, si voy a realizar las compras de lo que necesito para comer, mi cuate, con el 25 % de mis recursos, se hará responsable de que todo lo que compre no sea ni de mala calidad ni costoso, esto incluye mis llenadas del tanque de gasolina…
Mi súper socio, quien sabe cómo administrar mi dinero, generará toda una economía saludable para que ni yo ni los míos la pasemos mal… es más, si por alguna razón, el dinero que es destinado a ese 25% de inversiones para que mi vida sea muy buena, si un peso es desviado o no se aplica, mi compa se encargaría de que nadie, pero nadie abuse de tal recurso, pues para ello cuenta con un sistema que evita la malversación de recursos o la detestable corrupción… ¡Faltaba más! ¡Es mi dinero!…
Y voy a agregar algo, si mi gran amigo tuviese que pedir que una parte del 25% fuese utilizado para alguno de sus gastos, propios de su responsabilidad, ¿Verdad que no se los negaríamos?
Solo un imbécil dejaría ir a un genio de las finanzas de estas dimensiones… pero, ¿Qué ocurriría si fuese exactamente lo contrario? Si mi 25% de ingresos fuesen utilizados para que yo lleve una vida miserable, llena de engaños y promesas, en dónde supiese que toda mi lana fuese ocupada para tontería y media…
Si mi esfuerzo, mi trabajo y sus ganancias fueran a parar a negocios inservibles y tramposos, si ese 25% de todos mis ingresos se aplicaran para sostener a otros sujetos, una especie de remoras ,parásitos que de ninguna manera generan un cambio en mi entorno y no solo eso, aun cuando es mi dinero, no tendría manera de hacer que rindieran cuentas pues se instalaron en la más insultante opacidad, eso sí, se inventaron una caja repleta de mañas y de papeleos para que nadie sepa con exactitud el destino de mi dinero…
¿Verdad que tendría que ser yo un imbécil si permito algo así? ¿Usted dejaría que una parte significativa de su salario fuese tirada a la basura en proyectos sospechosos? ¿Mantendría con su lana a aquellos que le toman el pelo?
¿Dígame cuál es el mundo ideal?
Uno donde sus pesos, sus billetes, sus ahorros sirvan para que su mundo funcione, que no se convierta en un páramo, en dónde no se nutran intestinos de bestias devoradoras…
Pues este escenario es el nuestro y se llama pago de impuestos.
No le añado más, usted y yo sabemos que es así y desafortunadamente hemos normalizado este mecanismo de explotación.
Tener conciencia sobre tremendo fraude es el primer paso.










