Miguel Ángel López Farías

«Ese avión no lo tiene ni Obama»… la frase pego, estaba en campaña y que mejor que señalar a la aeronave como la corona de un sexenio de dispendios y prometió venderla, fue a parar a un hangar, ahí, empolvándose salía más cara, la ofertó por donde pudo, nadie, ni empresarios ni mandatarios mostraron siquiera ganas de abrir la cartera.

Ahí viene de nuevo a México, a rifarse, que siempre no, que solo llevará del avión la foto en el cachito de la lotería, y para seguir rodando hacia abajo, recurrieron al mágico acto de la presión disfrazada de cena para ricos, los empresarios ni modo que le digan que no al inquilino de Palacio, tal y como ocurrió con aquella cena en el castillo para ver a Elton John, en donde el pase de charola de doña Martita Sahagún fue de a cien mil pesos por cabeza.

Pues la dosis fue aplicada sin anestesia a los empresarios que fueron a Palacio, se dieron a conocer cartas compromisos en donde los dueños del dinero aportarían algo así como mil 500 millones de pesos para la causa, en lo particular simpatizo con eso de que los que tienen mucho dinero se solidaricen con el país , aunque sea a punta de charolazos, digo, una flor de su jardín a nadie la cae mal, y más si se trata de muchos que han construido sus fortunas sobre la medianía de millones a los que les pagan muy poquito.

Lo que no se ve bien es que en esta folclórica 4T se receten las mismas dosis de ocurrencias, y en el caso de avión se muestran vicios y dislates que han ido agotando la resistencia de la sociedad, pues lo del Boeing ha dejado de servir como guion electoral a uno en el que se convierte en dolor de cabeza para los estrategas del presidente, pues tomo la pista de los dislates y salidas ocurrentes, en una muestra clara de que no han encontrado el manual de un gobierno asertivo y con experiencia.

Pero no todo podría ser malo en esta historia de alas y loterías, pues el tema ha servido como una verdadera caja china, utilizada para apoyar el montaje de lo que se quiere no se vea, y que es el grave paisaje de un México que se cae a pedazos en distintos frentes, el avión ha servido como la alfombra de la sala a la cual se le oculta por debajo de ella la crisis de abasto de medicamentos, los niños con cáncer, la brutalidad del crimen organizado, la parálisis económica, los feminicidios y todo lo que nos duele.

Esperemos que los números le cuadren a la presidencia y que de las cenas y venta de boletos y lo que se les vaya ocurriendo les alcance para corregir el vuelo de un aparato que ni siquiera ha despegado y que en mucho se compara a lo que viene ocurriendo con la 4T, como una navesota que no se sabe para qué servirá.

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