Miguel Ángel López Farías

Son dos caras las que se asoman con lo de Culiacán y el fallido operativo de captura de Ovidio Guzmán, la primera: es cierto que la decisión del presidente de soltar al hijo del ‘Chapo’ evitó un baño de sangre, los videos a los cuales hemos tenido acceso muestran claramente como los sicarios del Cartel de Sinaloa rodearon los edificios en donde viven los familiares de los soldados, además, por fuerza de número, cercaron la Fiscalía en donde se encontraba detenido Guzmán López, al superar en elementos a los de la Guardia Nacional y el Ejercito, no es necesario hacer uso de mucha imaginación para pensar en que habría acabado todo.

Los titulares de los periódicos hubiesen sido sobre la brutal balacera y muerte en Culiacán en donde docenas de civiles habrían resultado muertos o heridos, estaríamos inmersos en la numeralia de desaparecidos, el presidente AMLO pasaría en automático a ser comparado con Calderón y su fallida estrategia en Michoacán o Veracruz, o estaríamos hablando de los 43 de Culiacán, tal y como sucedió con Peña Nieto.

Hay decisiones de Estado que no tiene que ver precisamente con la aplicación de la fuerza, y aunque se niegue, muchos ex mandatarios han recurrido a la negociación para mantener los cauces de la paz, aun involucre sentarse a pactar con narcos.

Para el gobierno de AMLO, el control de daños es mínimo, aunque escandaloso por liberar a un criminal, pero pudieron salirse de una eventual narrativa en donde el lugar común hubiese sido los muertos de Sinaloa.

Pero por otro lado, alguien del gabinete de seguridad le fallo al presidente, pues la otra cara de esta historia habla de que se cometieron errores elementales, de un nivel de inocencia terrible, ausentes de todo trabajo de inteligencia, sin las mínimas medidas para llevar a cabo un operativo de este tamaño, ahora se sabe que fue Washington quien ordenó la captura y extradición del hijo del ‘Chapo’, que participaron agentes de la DEA en Sinaloa.

Pero que todo se vino abajo cuando se dio “el pitazo” a los del Cartel, una filtración que ha costado todo este ridículo, el presidente no puede seguir responsabilizando a los gobiernos anteriores o a una parte de la prensa critica, ahora tiene que voltear a ver a los suyos e investigar quien es “la tuza” que alertó del operativo, pues fuentes de alto nivel de la sección segunda del ejercito sospechan que así fue, no se explican por qué los del Cartel tuvieron una respuesta mucho más rápida, más coordinada, claro, ya lo sabemos, el crimen si esta mejor organizado.

Lo mencionamos el viernes anterior en este espacio, el peso de la realidad le llego muy rápido al presidente, pero aún tiene cinco años por delante, lo que menos convienen es que el pierda, que el Estado pierda, que su gobierno fracase, porque ahí si nos arrastraría a todos, conviene que se haga fuerte y salga adelante en esta situación, el baldazo ha sido muy sacudidor y no se arreglara con llamadas a Trump pidiéndole que dejen de enviar armas, pues al de la Casa Blanca le importa un comino que aquí nos matemos, digo, si allá, en los Estados Unidos no hacen mayor esfuerzo por regular sus fusiles y pistolas por no querer enfrentarse a la segunda enmienda de su constitución, ya parece que les quita el sueño que aquí nos matemos a balazos.

No, lo que el gobierno de AMLO necesita hacer es generar un discurso y acciones que a unifiquen al país, que lo curen de todo ese discurso de división y encono, que se convierta en el gran constructor de acuerdos con otras fuerzas políticas y económicas para reencausar sus estrategias.

Andrés Manuel es un hombre hecho a fuego de la política, pero se ha concentrado y ha permitido que voces lo convenzan de que el enemigo son los que no votaron por él, es tiempo de que llame a la unidad, que se haga aliado de los que quieren a un México en paz, lo de Culiacán es una noche negrísima que difícilmente se olvidara, lo va a traer arrastrando, pero está en él abandonar sus trincheras de eterna campaña y de enemigos imaginarios para entrarle de frente a lo que sí es preocupante: el poder de mando  y destrucción que posee el crimen organizado, hablamos ni más ni menos del poder de facto de los criminales, y perdóneme, pero algo así no se había registrado en años pasados.

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