Miguel Ángel López Farías

No lo mareare con cifras, solo algunas pinceladas sobre lo que ha representado estos dos últimos meses en México, traemos pérdida de empleo, una terca recesión, parálisis en todos los sectores de la economía, signos ominosos de no prometen más que caída en el poder adquisitivo de millones de hogares.

Elementos que se agudizaron con el arribo del COVID-19, pero existe un factor intangible en eso de las estadísticas y los números y que arroja un efecto negativo en el ánimo social: la desconfianza, esto es, un desánimo que va penetrando en la piel de gruesas capas de la población.

Mire usted, frente a este tipo de trances es importante que los ciudadanos encuentren recios apoyos de sus autoridades, de una solidez en las respuestas y claridad en las estrategias, con el gobierno actual no se localizan esos faros que podrían acarrear calma y confianza, recordemos que durante y después del terremoto del 85 el expresidente Miguel de la Madrid fue severamente criticado por haber desaparecido de escena, abriendo un boquete para la reacción social y posterior empoderamiento de grupos  civiles que terminarían siendo movimientos políticos, en el caso del gobierno actual, de la 4T, vemos una sobre actuación del presidente AMLO, pero sin ningún tipo de orden o peor, dejando la impresión de que no está entendiendo lo que sucede, tan es así que los delicados hilos de la salud y el manejo de la crisis ha dado la oportunidad de conocer como no se deben hacer las cosas frente al espejo italiano o español, sumado al nerviosismo de muchos empresarios que ven como el presidente se erige en su adversario.

Malas noticias para todos, pues lejos de que el capitán del barco llegue a un pacto contra cíclico para esta tormenta económica se dedicó a sembrar discordia, llevando a la nave a las fauces del kraken.

El presidente no está abonando a un mejor clima, tal y como ha sucedido con otras figuras que en medio de la incertidumbre supieron convocar y unir a sus naciones. Los mexicanos no sabemos cuándo realmente parara todo esto, lo del COVID-19 es asunto de que resistamos en casa, pero de la pandemia económica nadie nos da garantías de que este país no termine por irse al demonio. Y peor aún, el. piloto de la nave ha ido perdiendo todo rasgo de confianza de los pasajeros… o existe alguien que se atreva a decir ¿que el presidente tiene razón?