Miguel Ángel López Farías
Para “entender” el posicionamiento y la “fuerza” del discurso de López Obrador debemos ir por debajo de la piel nacional, esa que tiene que ver con la histórica deuda hacia los más necesitados.
Injusticia social, la receta que es “sobada” en cada acto de campaña, no solo por la lengua mesiánica, sino tecnócrata, ambos polos han ocupado la “banderita” de que ahora si “se hará justicia con los más necesitados”.
Todos hemos escuchado esta mentira, nada habrá de cambiar mientras no se provoque la reingeniería adecuada en educación y en nuevas reglas para que todos tengan acceso a la riqueza económica.
Nos seguiremos engañando en tanto no se modifique la base del México de contrastes, y seguiremos presenciando el surgimiento de populistas hambrientos de ese mismo poder que hipnotiza lo mismo que a los “progresistas que a los conservadores”.
El pobre solo sabe qué existe una casta social que tiene todo, de ahí que el canto de las sirenas de aquellos que les prometen acabar con su realidad penetra de manera increíblemente inocente.
Y hay que decirlo: muchos sectores han abonado a que en las venas de los más necesitados corra ese jugo mezcla de rencor y deseos de venganza, una suerte de indiferencia y abandono de “los de arriba” para con “los de abajo”.
Por ello es que la 4T tuvo éxito hace tres años, pues fue muy sencillo culpar a los ricos, a los “fifís”, a los malditos “clasemedieros” de todos sus males… la pobreza no es culpa del gobierno, sino de quienes no comparten su riqueza, esa es la idea que se ha implantado, totalmente maniquea.
El empresario nace y crece para potenciar sus inversiones y sí frente a él se encuentra con autoridades corruptas y tramposas, sobra decir cómo se “llamará la obra”.
Solo que en la superficie de estos conceptos se asoman grietas de donde surgen los que terminan dándole la razón a los populistas, hablamos de toda una fauna hipócrita que durante años se ha mantenido pegada a la “ubre“ del poder y que ahora se enfrentan a las consecuencias de haber entregado el alma y son fáciles de detectar, pero, y lo digo con pesar, en el veleidoso mundo de los periodistas existen un par de casos, lastimeros de “críticos” de la muy criticable 4T, que sexenios atrás besaron las manos de presidente en turno, que se enriquecieron y que ahora se llaman víctimas de la “censura” morenista.
Este tipo de casos son los que sirven a la narrativa de un López obrador que aprovecha la mala fama de sus adversarios, sean políticos, empresarios o comunicadores.
Ahí sí y cómo dirían “ni cómo ayudarlos” y lo peor es que por sus “trayectorias” alimentan la estrategia de un presidente que se concentra en dividir a los mexicanos y vaya que le resulta muy sencillo.














