Miguel Ángel López Farías

Como chiste ya estuvo bueno… el avión y su eventual rifa no explica lo que detrás de esa ocurrencia se oculta, la crisis en el sistema de salud derivado de otro machetazo presidencial a una de las pocas cosas que venían funcionando, el Seguro Popular, pues el ruido de las turbinas ha intentado callar lo que cientos de voces de enfermos y sus familias han venido acusando: los pacientes se les están muriendo gracias a que nomás no pensaron que la combinación de un freno al abasto de medicamentos y la falta de coordinación entre los diferentes pisos del sistema médico y sus listas de pacientes traería consigo un grotesco carnaval de saturación y descontrol en hospitalitos y hospitalotes.

Y en un país en donde nos hemos acostumbrado a reír de nuestras tragedias y a desviar la mirada ante la desgracia ajena, nos llenan los geniales memes del avión ante la descomunal sangría de una patria que un día y el otro también enseña sus fauces grotescas en medio de muertos y balaceras.

¿Alguien recuerda al niño que se quitó la vida en Torreón? ¿Alguien siente en la conciencia cierta carga de responsabilidad por los pequeñitos quemados de la guardería ABC? ¿Alguien se muestra preocupado por los groseros picos de asesinados que van en este incipiente sexenio? Cuantos muertos, ejecutados son necesarios como para que la hilera de ocurrencias y trucos se detengan y nos refiramos a México como lo que es, un país tercamente enfermo, condenado a arrastrar las mismas cadenas de miseria política y humana.

Llevamos varios sexenios enterrando nuestro asombro y solo lo acercamos al flash de los fenómenos cuando el escandalo es ya insoportable para lo que queda de esas buenas conciencias, que bueno y que malo que tengamos un tema tan banal como el destino de un avión que en nada arregla ni las finanzas ni el ánimo nacional.

Un avión no es más que un ridículo cascabel a un gato cansado de ver siempre el mismo espectáculo de ratones y pistas de circo, todos quisiéramos que la narrativa fuera distinta, por desgracia la carpa anuncia a los mismos actores, mismo libreto, o peor, uno que chasquea los dedos y se levanta el telón en un deja vu que nos estrella en la arrogancia del Calderonato o los excesos de Peñanietismo, que por cierto, varios son los elementos que nos hacen creer que efectivamente estamos condenados a ser atravesados por las flechas de la historia, esa que nos enseña que la cruz que cargaremos será la misma que nuestros abuelos y padres, esa que nos ha condenado a ser el mismo país de quinto nivel en aspiraciones y sueños sin cumplir, y allá vamos, volando en un avión que para el 99 por ciento de los mexicanos no significara ningún tipo de mejoría para sus bolsillos si se vende, se rifa o se renta o se vende por partes en Iztapalapa.

Y ante todo esto, ¿que han dicho los líderes del pan? ¿Los del PRD? O peor, de los escondidos priistas, los cuales no se atreven ni a criticar, ni a defender a su ex mandatario, tan peinado y alabado por sus correligionarios con todo y Alito tan cuidadoso en las formas y lealtades inconfesables.

¿Sera por qué no tiene cara para meter las manos después de la apabullada?  Ya en serio, ¿Quién, en el ala decente de los librepensadores mexicanos, sean políticos o intelectuales, serán capaces de parar este irigote mediático del inquilino de palacio y el bendito avión? ¿O todo quedara en la fuerza y coraje de los Sicilia o los LeBarón y sus deseos de provocar un despertar de temas y conciencias? 

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