Miguel Ángel López Farías

Si usted quiere un arma, del tipo que sea, con billetes en la mano y un par de buenos contactos  se hará de la pistola, rifle o metralleta que quiera. Es muy fácil, y si lo es para un ciudadano como usted o como yo, imaginase para alguien que en definitiva se mueve en el mundo del crimen.

Cualquier fuerza policiaca se encuentra en desventaja frente a esa capacidad de fuego, en donde los asesinos, secuestradores y toda esa fauna nociva son poseedores  de las balas y su soberana decisión de determinar quién muere o quién vive. Se han efectuado sendas campañas de despistolización que no han servido.

A lo mucho para que algunas familias saquen la escopeta del abuelo y la cambien por una pantalla de Televisión. En los sótanos es donde encontramos que nada ni nadie es capaz de detener el flujo de armas, la gran mayoría proveniente de los Estados Unidos y que generan un poderoso mercado de dinero a la par de la droga.

Solo que el fenómeno es al revés, de aquí para allá es la cocaína, el cristal, heroína, metanfetaminas y marihuana, de allá para acá son las armas y balas con las que habremos de matarnos.

Y en medio de esto encontramos a los ciudadanos, incapaces de defendernos de un delincuente, estos si, con el dedo en el gatillo listos para matar. Hemos consultado a distintos juristas, las leyes nos hablan del delito de portación de armas de uso exclusivo del ejército y fuerza aérea, de las penas, la línea prohibitoria es un dibujo en el agua, no sirve, ir a parar a la cárcel por la portación no significa necesariamente que se deba cumplir con una condena, sencillamente los castigos por ese uso son una vacilada, porque están barnizadas de corrupción.

Seré más claro, a la autoridad no le interesa, no le importa entrarle de lleno a este tema, el caso de la ciudad de México es uno de los botones más alarmantes, pero se replica en todo el país, y la necesidad de tasar la portación de pistolas tendría que ser uno de los delitos más duros en sus penas, en realidad no es así.

Y se debería por aplicar el mismo rasero a los gringos, son sus agentes aduanales los que se convierten en los principales proveedores de las mismas, claro, con la complicidad de los de aquí, armas que llegan bajo modo hormiga o contenedores, pero pasan por algún sitio y frente a la narizota de muchas autoridades, de allá y de aquí.

Mientras Washington nos amenaza con aplicación de aranceles por las drogas y migración aquí les sonreímos pidiendo que por favor; “Ahí les encargamos” chequen lo de sus pistolas.

La reflexión y conclusión es una sola, seguiremos en este mar de muerte mientras una pistola en cada hijo te dio, como debería decir el himno nacional, continuaremos bajo estos nubarrones de muerte siempre y cuando la impunidad de los que las portan sea similar a la corrupción que lo permita, y son las autoridades, tanto policiacas como aquellos que hacen las leyes las que lo permiten.

De plano, así como se ha propuesto legalizar la marihuana, que se abra el mercado de las armas, todos a jalar el gatillo, todos a defendernos, ¿Qué esto sería contrario a las buenas conciencias protectoras de los derechos humanos? ¿Qué se convertiría nuestro querido México en una selva?

Cierto es que la idea no gustaría nada para un clima de por sí caótico, pero las salidas ante esta aplastante realidad son pocas, los mexicanos, los que nos podemos considerar buenos, estamos a merced de las fauces de los que impusieron la república de la pólvora, y peor aún, de la criminal indolencia gubernamental, la del estado que se muestra incapaz de hacer algo con el tema, ni las leyes nos sirven, ni los cuerpos de seguridad alcanzan a detener esto. R

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here