Nada puede confundir más a un sabio

que la risa de un tonto.

George Gordon Byron

Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez

El tiempo avanza para López Obrador y su Cuarta Transformación, a estas alturas de su gobierno todos deberíamos estar agradecidos porque el caudillo nos había llevado a un país mejor, ya no debería haber corrupción porque su solo ejemplo era suficiente para exterminarla, pero no, solamente cambió de rostro y los diferentes resultaron parecidos a los del pasado con una moral relajada, para justificarse se han convertido en los amos del discurso relativista sin ningún rigor y defienden a ultranza lo que les ordenan desde Palacio Nacional.

En este cierre del cuarto año de gobierno en el que no llegan los resultados y las obras que son las piedras angulares del legado Pejelagarto se tambalean. El AIFA que se fue 23% más del costo presupuestado, está bajo la lupa, todavía no se cuenta con los permisos internacionales y las líneas aéreas no quieren descender sus aeronaves en Santa Lucía, pero insisto, una obra de tal magnitud no podrá esconder su utilidad o inutilidad, aunque hasta hoy no es rentable porque el gobierno sigue poniendo recursos y es ínfimo lo que recauda.

Algo parecido sucede con la refinería Olmeca en la que se les disparó el precio, de 8 mil millones de pesos se les fue al doble, van 16 mil millones, pero cuando se le pregunta del tema a López lo mejor que puede hacer es capotear la respuesta, no hay certeza de que pronto se pueda refinar a pesar de la inauguración en la que todos los de la Cuarta se tomaron la fotografía, según los expertos a finales del 2024, cuando ya no esté en funciones López Obrador, veremos si entrega su primera producción, mientras tanto le van a seguir metiendo dinero, se esperan más recortes para obtener los recursos.

Pero la obra que más daño al medioambiente va a hacer, sin duda alguna, es el Tren Maya, la devastación continúa a pesar de que cuando López era presidente electo aseguraba que no se dañaría ni un árbol, la deforestación de más de 20 mil ya no se puede esconder solo con negarlo o tachar de conservadores a los activistas que denuncian constantemente en redes sociales. La lógica peregrina de los jilguerillos de la 4T se reduce a que los gobiernos anteriores también destruyeron y todos guardaron silencio, como si eso fuera una patente de corzo para incurrir en las mismas o peores prácticas.

El fin de semana el presidente supervisó el avance en los tramos 1, 6 y 7, pero no se refirió al daño que se está ocasionando, claro que se destrabaron los amparos que habían suspendido la obra y era ilógico pensar que ya lo iban a dejar así, pero como bien dice López, “puede ser legal, pero es inmoral”, en este como en otros casos no dan ningún argumento que respalde su obra.

Al mismo tiempo los ambientalistas que no bajan la guardia, y que bueno, se introdujeron al cenote “Guardianes” que abastece de agua a la península de Yucatán, con ello documentaron que es utilizado como escusado por parte de los trabajadores y que al derribar la vegetación el ecosistema ha cambiado, los especialistas advierten que esto solo es el principio.

Una usuaria de Twitter se identifica como CrisNo en su perfil, subió también una serie de vídeos para probar el riesgo que representa la obra para un cenote en Quintana Roo, que podría colapsar, así como la deforestación que ocasiona el proyecto, la activista tuvo que salir de la cueva porque se ve claramente como se desprenden fragmentos del techo. La pregunta es pertinente “¿Cómo va a pasar un tren a 160 kilómetros por hora sin colapsar este suelo?».

Insisto que solo hay descalificación, pero no un estudio que pueda refutar las críticas, no hay investigación científica con el rigor pertinente que dé certidumbre de la magna obra. Todos trabajan a marchas forzadas para a finales del próximo año López Obrador dé el banderazo de salida del Tren Maya, no solo será el despilfarro de recursos monetarios, sino el daño ecológico que ya es irreversible.

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Hasta la próxima.