Los lugares son que el deseo pueda reconocerse a sí mismo,

en los cuales pueda habitar.

Jacques Derrida.

Arturo Suárez Ramírez

Estimados amigos lectores, muchas gracias por su tiempo para la lectura de la presente columna que se publica en tan prestigiado medio de comunicación. El tiempo pasa y el enojo social supuran por las benditas redes sociales, parece que la división entre “lópezobradoristas” y sus contras no tiene fin, o quizás llegó para quedarse. El hecho es que a cualquier régimen le conviene que socialmente no se den consensos.

La construcción de la división se comenzó a gestar desde el año 2000, con el encontronazo diario entre Vicente Fox y Andrés Manuel López Obrador. Luego se agudizó cuando emprendieron la campaña de desafuero contra el tabasqueño, ahí comenzó la estrategia de victimización de AMLO, en la cual socialmente se tomó partido, por primera vez entendió que la división podría dejarles buenos dividendos.

Luego en el proceso electoral del 2006, que siempre estuvo bajo la sospecha del fraude, polarizó más a la sociedad, ahora entre “calderonistas” y “lópezobradoristas”, sin la figura del PRI en esa elección, se dividió parte de sus seguidores. Durante todo ese sexenio, un día sí y otro también AMLO hacía llamados contra el “espurio” de Felipe Calderón.

Con el fracaso en la lucha en contra del narcotráfico por parte del PAN, la gente confió de nueva cuenta en el PRI, aunque la elección del 2012 estuvo plagada de irregularidades que obvio denunció AMLO, con ello crecieron sus adeptos. En ese periodo se intensificó la estrategia de división, y los puntos de agarre los proporcionó el PRI con su estela de corrupción.

Ya para la campaña del 2018, la sociedad estaba bien dividida, por un lado los del PRI, PAN, PRD, fifís, conservadores y de más, que López Obrador logró meterlos en un mismo costal, contra los “lópezobradoristas” que se conjuntaron con los enojados. Así se dio una de las campañas más polarizadas de la historia.

Ahora como presidente de la República, la estrategia para mantener una sociedad dividida continua, desde las conferencias mañaneras, en los nuevos programas de Canal Once, en Notimex, en la prensa afecta al régimen, en sus líderes de opinión y en los fallidos intentos de posicionar a youtubers para las nuevas audiencias.

No todo es responsabilidad de Andrés Manuel López Obrador, para que la estrategia funcione debe haber contrapartes, y a esos los sometió muy bien, poco a poco. Hoy ni siquiera hay oposición que sea tomada en serio. El papel de los políticos ha sido tomado por periodistas y medios de comunicación que se enfrentan con el presidente.

¿Vale la pena seguir enojados como sociedad? ¿Vale la pena confrontarse por un político?

Este nuevo régimen debe estar bajo el escrutinio de la sociedad, debe aguantar las críticas y estas deben ser con argumentos y rigor. No con memes y mensajes que se disuelven en la nada cibernética.  Pongamos el ejemplo.

Entre Palabras

Las críticas de la Arquidiócesis Primada de México a la cartilla moral de AMLO, siendo el catolicismo la primera religión en el país, representa un escupir al cielo. Pues… ¿Qué no tienen la responsabilidad de entregar buenos cristianos a la sociedad?

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Muchas gracias y hasta la próxima

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