Hago todo lo posible o aceptable

para escapar de esta trampa.

Jacques Derrida

Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez

Durante la campaña presidencial del 2018 se comenzó a hablar de un pacto entre Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador, claro que no tuvieron que reunirse para formularlo pues de eso no debería quedar rastro. El asunto es que Peña se había entrevistado con Ricardo Anaya en “Los Pinos” ya que su candidato José Antonio Meade no levantaba en la intención de voto, pero el entonces presidente se sintió traicionado porque luego Anaya habría recurrido a Carlos Salinas de Gortari, eso no le gusto al mexiquense y optó por no meter la mano en el proceso electoral que terminó arrasando el tabasqueño, ahí están las columnas de la época que dan cuenta de ello como la de Salvador García Soto.

Ya cruzamos la mitad del sexenio del Pejelagarto y la propuesta de que los corruptos iban a pagar por sus fechorías quedó en una mera promesa de campaña, nunca hubo la firme intención de llevar a juicio a Enrique Peña Nieto, todos los caminos de la corrupción llevan a él y como dice López, es poco probable que no supiera del comportamiento de su gabinete, de su círculo más cercano, al igual que se hace hoy, Peña fue protector de sus amigos que terminaron salpicados por el lodo de lo mal habido mientras goza de su exilio en Europa y se pasea con su modelo por lugares exclusivos.

A pesar de que Emilio Lozoya Austin está en prisión, no hay nada sólido y su encierro se debió a la molestia del presidente porque lo captaron cenando en el Hunan, de ahí se detonó el escándalo, lo mismo sucede con Rosario Robles que parece más una venganza que justicia, la extitular de la Sedatu acusa que su detención la pactó Alejandro Gertz Manero con Julio Scherer Ibarra y ahí sigue en prisión, seguramente saldrá como la maestra Elba Esther cuando termine el sexenio. En el caso de Luis Videgaray fue inhabilitado por 10 años para ocupar cargos públicos que a estas alturas seguramente no le interesan.

En ese pacto de impunidad entre López Obrador y Peña Nieto, aunque insisto, seguramente no se vieron las caras, iban casos como el de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa que los priistas no quisieron resolver, se inventaron la “verdad histórica” construida por el procurador Jesús Murillo Karam que nadie creyó, uno de los personajes más oscuros del “peñismo”. Según la realidad Karam estuvo en el basurero de Cocula antes que la PGR y se había manipulado la evidencia, lo que presume una conducta fuera de la norma por un funcionario de alto nivel.

La PGR destinó alrededor de 49.6 millones de pesos en la búsqueda de los 43 normalistas, pero todo fue en vano porque nunca se dio a conocer el paradero de los estudiantes, los padres en su momento pidieron el apoyo de López Obrador quien prometió que se resolvería el caso, pero hasta el día de hoy solo han recibido excusas por parte del gobierno federal además se dicen traicionados por la falta de apoyo del presidente y Alejandro Encinas.

Este asunto le abre una nueva posibilidad a la 4T para empujar y que se conozca la verdad, aunque López Obrador ya deslindó de toda responsabilidad a su secretario de Marina, Rafael Ojeda Durán, quien era el comandante a cargo de la Octava Región Naval en Acapulco, Guerrero, durante ese periodo y que seguramente también tiene información.

En ese contexto de los 43 normalistas de Ayotzinapa no debe haber manto protector de la 4T como en el juicio a expresidentes. Hay coincidencia y todos los caminos llevan a Peña Nieto quien por lo menos debería ser llamado a declarar, veremos si López rompe el pacto… pero mejor ahí la dejamos.

Entre Palabras

Tanto trabajo legislativo y senadoras del PAN presentando rompecabezas. Por eso López los trae de clientes y se ríe de ellos, valiente oposición.

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Hasta la próxima.