La principal prueba de la verdadera
grandeza del hombre radica en la
percepción de su propia pequeñez
Sherlock Holmes
Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez
No cabe duda de que la piel de los morenos es muy delgada y no les gusta ni la crítica, menos las parodias que se hacen de ellos y sus escándalos, a pesar de que repiten una y otra vez lo que les dejó de enseñanza su mentor y líder: “prohibido prohibir”. ¿De verdad? Aunque le han pedido al INE que baje la parodia que se transmite por TV Azteca y que se llama La Casa de los Mañosos.
En nuestro país contamos con una gran tradición para hacer sátira. Dicen que nos reímos de todo, así lo retratan Samuel Ramos y Octavio Paz en sus obras, respectivamente. Y también está José Guadalupe Posada con sus grabados, con sus calaveras hizo un espejo de la sociedad, las catrinas y los catrines de la alta sociedad, un equivalente a lo que el Pejelagarto decía de los fifís, y el mensaje es que, a pesar de todos los bienes y las posiciones, algún día la tierra nos reclama.
O qué tal cuando la patrulla estaba afuera de las carpas, con los gendarmes listos para llevarse a Jesús Martínez “Palillo”, porque había hecho mofa de los políticos en su escenario, que había convertido en trinchera política. Se burlaba del presidente, de funcionarios y, con humor, denunciaba todo aquello que oliera a injusticia, mientras el público lo celebraba porque decía en voz alta lo que muchos pensaban.
Ahí queda para la historia los programas que encabezó Héctor Suárez, particularmente ¿Qué nos Pasa?, en la mismísima Televisa, en los tiempos más autoritarios, además, cuando Emilio Azcárraga Milmo, el famoso “Tigre”, se había declarado soldado del presidente. El actor cuenta en varias entrevistas los llamados de Gobernación y hasta la cita con Carlos Salinas de Gortari, quien aguantó.
En aquella campaña del año 2000, Vicente Fox Quesada, Porfirio Muñoz Ledo y Francisco Labastida Ochoa acudieron al foro de Otro Rollo, hablaron de todo, bailaron y dijeron que, de llegar a la Presidencia, no habría censura para las parodias. Luego Muñoz Ledo declinó por Fox y se convirtió en parte de su equipo. Cuauhtémoc Cárdenas no acudió.
La fórmula se repitió en 2006. Sabían que había un gran público joven al que tenían que hablar, ahí acudieron Felipe Calderón Hinojosa, Roberto Madrazo Pintado, Patricia Mercado Castro y Roberto Campa Cifrián. De nuevo, el candidato de la “izquierda”, López Obrador, no acudió al programa estelar de Televisa.
Pero López sí fue al programa matutino de Víctor Trujillo y, como había ocurrido con el penoso incidente de Peña Nieto en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, le hizo unas preguntas, como un examen, pero el candidato del PRD no quiso entrarle. Le repitió la dosis en su programa nocturno y tampoco aceptó, no quería poner en la mesa su ignorancia.
Así que los regímenes que eran supuestamente más autoritarios, con un IFE inexperto, se abrieron a la sátira de El Privilegio de Mandar, no hubo apercibimientos, incluso varios que fueron presidentes de ese Instituto daban entrevistas, lo mismo que los consejeros, se trataba de que la gente se involucrara en la democracia.
A varios años de distancia y con un INE tomado por el partido en el poder, hay quejas para que la televisora del Ajusco baje el programa de sátira La Casa de los Mañosos. Ahí están las observaciones de la Sociedad Interamericana de Prensa, que manifestó su preocupación por la denuncia presentada por Morena. El caso abre un debate sobre los límites de la intervención de las autoridades electorales frente a contenidos críticos.
Porque el poder que no aguanta una parodia, una crítica o una caricatura, quizá tampoco ha entendido aquello de “prohibido prohibir”. Gobernar también es aguantar vara… pero mejor ahí la dejamos.
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Hasta la próxima.












