Cada generación, sin duda, se cree
destinada a rehacer el mundo. La mía sabe,
sin embargo, que no lo rehará.
Pero su tarea acaso sea más grande.
Consiste en impedir que el mundo se detenga
Albert Camus
Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez
Dicen que los mexicanos siempre nos reímos de todo, hasta de la desgracia, quizá es de nervios o un escape a la realidad, más cuando se trata de un contexto complicado como el que vivimos. Ahora en plena discusión de las libertades sobre todo de expresión y libre manifestación, vale la pena la reflexión sobre la sátira política, que en nuestro país ha tenido grandes exponentes que han incomodado al régimen.
Cada que Carlos Loret de Mola y Víctor Trujillo en su papel de “Brozo” hacen un sketch, arden las redes sociales, los afines al régimen han pedido abiertamente y con insultos, con lenguaje vulgar hasta que sean encarcelados por usar los símbolos patrios en sus parodias, eso ameritaría para los “youtuberos” abrir un litigio si fuera en Campeche o Puebla, que bueno que no porque aquí estamos a favor de la plena libertad de expresión.
Para aquellos puristas que dicen que eso no es periodismo, tienen toda la razón, pero eso no significa que se deje de hacer critica como lo han hecho a lo largo de la historia otras expresiones como la música, la pintura, obviamente la literatura por hablar de las bellas artes que también son reaccionarias. Pero también otras que son más cotidianas y parte de la cultura pop como la sátira política en la calle, las carpas, la radio y la televisión hasta donde se los permitían, y ahora en las redes sociales.
La sátira política es una expresión teatral y literaria, ahí se utiliza el humor, la ironía y el sarcasmo de temas políticos y vaya que nuestros representantes, los de antes y los de ahora dan material, así como las desgracias sociales, los partidos políticos u otras acciones relacionadas con el poder. En la sátira no solo se busca arrancar carcajadas, se trata de hacer reflexionar, cuestionar a los poderosos, o denunciar ante la opinión pública que es representada por los espectadores.
Cuentan los que lo vieron, que Jesús Martínez “Palillo” se convirtió en un emblema y muestra de resistencia desde la sátira, un personaje incómodo para el poder desde las carpas en las décadas de los 30 y los 40. Aquel cronista del absurdo incluía las pifias de los políticos luego de presentarse, ya lo esperaba la patrulla con unos gendarmes para llevarlo a la comisaría, claro en aquellos entonces no les gustaba la crítica y menos de un personaje que catalogaban de vulgar y callejero.
Hay varios y otros frentes como la caricatura política que son genios para decir, con imágenes y sin palabras, criticas lapidarias que les retuercen las tripas a los protagonistas, sin lugar a dudas los que aparecen en los medios electrónicos tienen un impacto mayor. Ahí está el caso de Héctor Suárez quien, con sus personajes hacia fuertes reclamos sociales, a los políticos y al poder, eso le costó que en la televisión de los años 80 fuera regañado en varias ocasiones y vetado, así lo contó en varias entrevistas que se pueden consultar en redes sociales.
Y para aquellos que dicen se trata de un acto de cobardía el ponerse un maquillaje y representar personajes, o desde ahí hacer la crítica, se trata de algo más complicado y que es motivo de análisis en universidades porque esa comunicación se entiende por las mayorías.
Así que no se enojen con Víctor Trujillo que ha retomado la sátira y ha presentado varias piezas interesantes en las que representa a Luisa María Alcalde y ahora a Guadalupe Taddei que de una u otra forma son parte del poder. Del otro lado también hay quien lo hace y tienen su público y en el pasado cuestionaron al gobierno, pero se quedaron en caricatura. O ¿solo la califican como pertinente cuándo se hace sátira de los contras?
No se usted, yo me voy a seguir riendo, ¡que viva la libertad hasta donde nos alcance!
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Hasta la próxima.
















