La ausencia de evidencia 

no es una evidencia de la ausencia. 

Carl Sagan 

Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez 

Con la llegada de Vicente Fox Quesada a la Presidencia de la República en el año 2000, se generó la esperanza de que habría respuestas de lo ocurrido en el movimiento estudiantil de 1968, del “halconazo” de 1971 un jueves de Corpus y qué pasó con los desaparecidos del periodo más autoritario que vivió el México del siglo XX con la guerra sucia, esa intolerancia se inició con Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverria Álvarez, José López Portillo y parte del sexenio de Miguel de la Madrid. 

Personajes como Miguel Nazar Haro, director de la DFS, se especializaron en el trabajo de disolver con grupos secretos a los opositores del PRI, lo cual dejó un aproximado de 374 muertes, aunque es posible que las víctimas sean muchas más, asimismo se registró la desaparición forzada de 480 personas en 17 entidades de la República, en 62% de los casos, elementos del Ejército mexicano estuvieron involucrados. 

Luego cuando Felipe Calderón Hinojosa llegó a la presidencia se inauguró un nuevo episodio de violencia y se enterró una nueva posibilidad de conocer lo ocurrido en los hechos históricos ya mencionados. Con el PAN de Calderón se inauguró un periodo más violento protagonizado por los cárteles de la droga con la complicidad de altos funcionarios. Cuando López Obrador lo marcó con el sello del “espurio”, Calderón Hinojosa buscó en la guerra contra el narco su legitimidad, eso generó 150 mil desplazados, 16 mil 546 desaparecidos y 47 mil 500 muertos, muchos de ellos estuvieron en el lugar equivocado a la hora incorrecta y les llamaron “daño colateral”, desde 2007 la violencia no para y ni Peña Nieto, ni Andrés Manuel López Obrador con sus “abrazos y no balazos” le han podido meter freno. 

Para el periodo de Enrique Peñas Nieto y su nuevo PRI, ni siquiera fue tema la búsqueda de la verdad, lo importante fue sus reformas estructurales del Estado. Pero en el “Peñato” se dio el caso de desaparición más emblemático de este siglo y que fue la lápida política de Peña. La madrugada del 27 de septiembre de 2014, atacaron a balazos a unos 100 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, en el estado de Guerrero, desaparecieron a 43 y Jesús Murillo Karam construyó lo que llamaron “la verdad histórica” que nadie creyó y que con el paso del tiempo se ha derrumbado. Con Peña se dieron 104 mil 602 muertos, 35 mil 410 desaparecidos, 281 mil 418 desplazados, la corrupción y el engaño fueron el sello característico del PRI y eso terminó por abrirle la puerta al partido de López Obrador. 

Cuando AMLO ganó la presidencia de manera contundente en el 2018 y en diciembre de ese año juró el cargo, de nueva cuenta se abrió la esperanza de buscar las respuestas a las preguntas sobre los desaparecidos porque muchas de esas figuras como Rosario Ibarra de Piedra lo habían apoyado para llegar a Palacio Nacional. Se nombró a Alejandro Encinas para hacer ese trabajo, un tipo honesto, pero que hasta la fecha no ha entregado resultados satisfactorios, apenas unas cuantas disculpas. Luego en la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) se nombró a una fanática del Pejelagarto, Rosario Piedra Ibarra que todo le ha solapado al gobierno de la 4T. En el gobierno de López Obrador, que va un poco más de la mitad, se contabilizan más de 21 mil desaparecidos, 117 mil 523 muertos por la violencia y 356 mil 792 desplazados, es decir, se sigue el mismo camino que sus antecesores. 

Aquellos padres y madres que buscaban a sus hijos desaparecidos en el 68 o de la guerra sucia se va terminando por simple biología, van muriendo sin encontrar respuesta como el caso de la luchadora Rosario Ibarra de Piedra, candidata presidencial en 1988 cuando denunció la caída del sistema que operó Manuel Bartlett Díaz hoy protegido de López Obrador, por la búsqueda de los desaparecidos formó el comité ¡Eureka!, realizó huelgas de hambre, criticó severamente a Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña, avaló la locura de la presidencia legítima de López Obrador y le dio su incondicional apoyo hasta que fue presidente. Descanse en paz la activista. 

Mientras tanto la 4T y López Obrador tiene esa deuda con la sociedad y al paso que vamos va a entregar los mismos pobres resultados, el tiempo se le termina y la esperanza se disuelve, no bastan los buenos deseos o negar que las cosas suceden… pero mejor ahí la dejamos. 

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Hasta la próxima.