Iba por ahí, con las manos metidas

en los bolsillos rotos;

hasta tal punto mi gabán se volvía ideal…

Arthur Rimbaud

Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez

Cuando uno llega a ocupar un puesto de dirección o de nivel gerencial en una empresa, lo mínimo que se puede hacer es diagnosticar el estado del área que se va a recibir, esto evidentemente nos llevará a generar las estrategias para que exista continuidad en las cosas que funcionan, evitar los vicios y con ello generar los cambios necesarios para imprimir nuestro toque profesional. En la iniciativa privada difícilmente se le va a dar un cargo a una persona que no cuente con la experiencia necesaria para cumplir los objetivos. En la administración pública es suficiente tener palancas, ser hijo de algún funcionario o compadre y en tiempos de la 4T basta la incondicionalidad hacia el presidente, aunque se incumpla con el perfil requerido y se juegue con algo tan serio como la salud, la seguridad y la educación.

En la mañanera del 29 de noviembre del 2019, López Obrador se aventó la frase de que era preferible contar con “90% honestidad y 10% de experiencia en los funcionarios públicos”, eso lo mencionó por aquello del nombramiento de Ángel Carrizales al frente de la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente pese a su poca experiencia, el hijo de Macuspana justificaba así la llegada de funcionarios que no tenían las credenciales para las tareas que se les asignaron como el mencionado que fue rechazado cinco veces en el Senado de la República.

El asumir cargos de la administración pública cuando no se tiene ni idea del trabajo que se debe realizar, aunque se cuente con un ejército de asesores, es otra forma de corrupción, hay deshonestidad y se incumplen los preceptos básicos morenistas de “no mentir y no traicionar”. Ese dicho de la honestidad López Obrador lo convirtió en muestras de fe ciega sobre su persona, fiel a su mesianismo le ha costado el cargo a más de uno que se volvieron feroces críticos con la diferencia que conocen las tripas de la 4T.

Algo parecido sucedió durante la pandemia con Hugo López-Gatell, subsecretario de Salud y zar antiCovid-19, no se puede negar que tenga los conocimientos necesarios, los diplomas y su paso por las aulas, pero borró de tajo su trayectoria al avalar las políticas del presidente y ahí queda su manifestación del 16 de marzo del 2020, “la fuerza del presidente es moral y no de contagio” dijo el científico que falló en todas sus predicciones y la cifra de muertos rebasa los 329 mil. De nuevo la inmoralidad de los superiores y humanistas se relajó.

Desafortunadamente se podría hacer un recorrido por cada dependencia, por cada nombramiento en la administración de López Obrador y pocos, realmente pocos saldrían bien librados, o los que aprobarían ya los bajaron del barco. Otra posibilidad es que hay quienes cuentan con el conocimiento, pero se han sometido al caudillo y no lo quieren importunar, incluso el Pejelagarto ha reprendido a miembros de su gabinetazo cuando se mueven sin consentimiento.

Si ya estaba en entredicho la designación de la profesora Delfina Gómez Álvarez como secretaria de Educación Pública por su historial de recaudadora y delincuente electoral como lo ratificó el INE, además de que usaron a esa dependencia para catapultarse como candidata al Estado de México y sin ningún recato, pues es igual de escandaloso y preocupante el nombramiento de Leticia Rodríguez Amaya como sustituta de Delfina.

Rodríguez Amaya trabajó en la administración de Mancera en logística, luego en Palacio Nacional en atención a la ciudadanía, resolviendo problemas y me cuentan compañeros asistentes a la mañanera que de manera eficiente. Ella misma se sorprendió con el nombramiento porque esperaban a María Elena Álvarez-Buylla quien se adelantó en aquello de darlo a conocer y no le gustó a López.

Tarde o temprano la realidad se impone y la falta de experiencia ya dejó mal parada a la titular de la SEP que, en una entrevista para Televisa, al ser cuestionada sobre el modelo educativo hubo titubeo, mostró ignorancia en los contenidos y cuando la conductora le preguntó “…tratemos de poner un ejemplo ¿Cómo va a aprender un niño las matemáticas en segundo de primaria que ya esté dentro del nuevo modelo educativo?”, el inconsciente la traicionó respondiendo “no podría contestar eso”.

Que corto se quedó Andrés Manuel López Obrador con sus designaciones para la SEP, no le interesa sacar al país del rezago educativo que con la pandemia causó dos años de escolaridad. Aunque en este modelo como en el neoliberalismo siempre convendrá un pueblo ignorante, pobre y dependiente para la construcción de falsos mesías… pero mejor ahí la dejamos.

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Hasta la próxima.