No sé hasta qué punto un escritor

puede ser revolucionario.

Por lo pronto, está trabajando

con el idioma, que es una tradición.

Jorge Luis Borges

Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez

Ya tuve la oportunidad de leer “El Gran Corruptor”, el segundo libro de Elena Chávez, luego de “El Rey del Cash” que cayó como cubetas de agua helada en Palacio Nacional, que cada quien haga su propia crítica sobre los trabajos periodísticos como estas entregas que han sido duramente criticados por los hombres y mujeres cercanos al presidente, y aunque hay negaciones no terminaron por desmentir las narraciones de manera categórica.

Por años y en diferentes rubros vivimos con la esperanza de lograr objetivos, cada inicio de año se hacen propósitos que luego se olvidan, cada edición de los Juegos Olímpicos esperamos ver ondear la bandera y escuchar el himno nacional, el sexto partido en el mundial de fútbol, y claro cada seis años esperamos una renovación en la presidencia y vivimos la esperanza de que ahora si será el presidente que necesita el país, vivir mejor, tener empleos bien pagados, mejor nivel de vida, seguridad, pero siempre nos quedamos con las ganas, en el ya merito.

Los textos de Samuel Ramos y Octavio Paz en los que describen al mexicano nos duele, nos encabronan porque son una mirada a la realidad, así vivimos, pero somos todos responsables de las tragedias nacionales, más de 90 años de priismo, 12 años de panismo y cinco largos, muy largos años de “lopezobradorismo”, no de morenismo porque López es todo en ese partido convertido en secta.

Por malos y malos gobiernos el Pejelagarto se adueñó de la esperanza nacional, construyó un discurso que encantó los oídos de los siempre vapuleados, se sacó aquella frase de “por el bien de todos primero los pobres”, se dijo diferente a los anteriores, pero resultó peor en corrupción, en nepotismo, destila intolerancia que disfraza de derecho de réplica, se convirtió en un personaje digno de una película protagonizada por Damián Alcázar o una serie producida por Epigmenio Ibarra.

Ahí vamos con sueños de humo, nada tangible y sus obras emblema son un verdadero tiradero de recursos, no van a estar funcionando al cien para cuando se vaya a Chiapas a encerrase, quizá a un exilio como el de Salinas o Zedillo, se ira como Díaz Ordaz pensando que salvó al país de los neoliberales, pero arrastrando el orgullo con sus muertos, con la falta de medicamentos y muy lejos de un sistema de salud como el de Dinamarca, el Tren Maya, Dos Bocas y el AIFA ya son un boquete para las finanzas, esa será la herencia para la siguiente presidenta.

Se cumplieron cinco años de gobierno y el tiradero es muy grande, pasarán años para retomar los niveles que se tenían cuando estábamos mal. El despertar de un mal sueño llamado 4T será doloroso, pero nada que no conozcamos, es la historia de cada seis años.

Entre Palabras

Política “fosfo fosfo”. Aquí se lo dije, Samuel García nos iba a regalar episodios de gran ridículo y no me equivoqué. Ahora tiene la mirada puesta en 2030 dice.Escríbeme tus comentarios al correo suartu@gmail.com y sígueme en la cuenta de Instagram en @arturosuarez_.