Cada día que pasaba, y en ambos lados de mi mente,

el moral y el intelectual, me fui acercando más

a aquella verdad por cuyo conocimiento parcial

fui condenado a tan aterrador naufragio:

que el hombre no es uno realmente, sino dos.

Robert Luis Stevenson

Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez

Entre las definiciones del diccionario de la Real Academia de la Lengua Española que podemos encontrar de la palabra cínico es que se usa como adjetivo “Dicho de una persona: Que actúa con falsedad o desvergüenza descaradas”. Mientras que la palabra franco se puede leer que es un adjetivo para calificar a una persona de “sincero y leal en su trato”. ¿Cuál de las dos, estimado lector, le aplicaría a López Obrador?

Cuando López Obrador llegó a la dirigencia del PRD y luego se volvió jefe de Gobierno del Distrito Federal donde instaló su conferencia mañanera, que a principios de siglo era algo novedoso, un instrumento de comunicación y propaganda política se daba un interesante duelo entre dos dicharacheros, de bajo nivel, francos y cínicos, por un lado, el presidente Vicente Fox y por el otro López Obrador.

Así se la llevaron hasta que el Pejelagarto que decía que lo dieran por muerto se volvió candidato y entendió que para cumplir su cometido debía martirizarse, así lo hizo durante tres campañas, claro que los panistas y luego los priistas le dieron una gran ayuda hasta el 2018 en que por fin ganó la presidencia y se vino la transformación, pero no la 4T, sino una metamorfosis del personaje, se quitó la piel de cordero y mostró colmillos y garras, algo así como Jekyll y Hyde de Robert Louis Stevenson. Esa lucha entre la dualidad la presenciamos todos los días en cadena nacional, López se dice humanista y minutos después va por el que se le ponga enfrente lanzando insultos, escupiendo veneno, luego saca su pañuelo blanco y dice “amor y paz”.

Aquí se lo dije, López Obrador ya vive el ocaso de su administración, parece que eso les da licencia de decir cualquier cosa, así les pasó a sus antecesores, pero como suele suceder López va más allá y nos ha regalado varias declaraciones que nos da muestra de la clase de personaje perverso y manipulador como son los perfiles de los dictadores antiamericanos, unos grandes seductores, pero solo eso porque en resultados salen reprobados.

Desde hace muchos años he venido repitiendo que si algo hicieron bien los priistas fue la administración de la pobreza, hacer como que se resolverán las cosas para los más vulnerables que siempre han sido carne de cañón, moneda de cambio, fueron vistos solo como números en las votaciones, así ha sido por muchos años y con López Obrador con aquello de “por el bien de todos primero los pobres” perfeccionó el sistema con su falso humanismo que nos ha llevado a tener más de cuatro millones de nuevos pobres.

Los especialistas en lenguaje refieren que el inconsciente habla y las palabras nos muestran cómo somos. Así el 29 de marzo del 2019 el Pejelagarto nos regaló un garbanzo como los de Fox, comparó a sus seguidores y a los dependientes de programas sociales como animalitos “…hasta los animalitos -que tienen sentimientos, ya está demostrado- ni modo que se le diga a una mascota, a ver, vete a buscar tu alimento”.

Esta semana volvió a meter la pata, ahora declaró que “ayudar a los pobres no es un asunto personal, sino de estrategia política”, de nuevo se muestra tal cual y la pregunta es pertinente ¿Su “humanismo” es una estrategia política? ¿Qué pasó con sus ideales que tanto pregona?… pero mejor ahí la dejamos.

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