Rafael Lulet

El ejercicio del periodismo en México, ha sido por décadas una lucha constante de sobrevivencia, las empresas dedicadas a este rubro, deben buscar los medios económicos para continuar con el desarrollo de informar y el ser constante es el reto a seguir; no nada más es publicar por hacerlo, sino lo implícito detrás de ello, donde trabajadores y sus familias deben de subsistir con el trabajo realizado.

Muchos consideran que la manera inmediata de obtener recursos financieros para el desarrollo de un medio de comunicación sería en el caso de la prensa escrita con la venta de los ejemplares, por dar un ejemplo, pero eso no es suficiente, y peor aún si el medio es electrónico, como la televisión, la radio o por las plataformas digitales donde la cosa cambia, debido a recurrir a la publicidad como el único sustento para adquirir el capital suficiente para pagar los gastos de producción.

Pero porque tanta explicación al respecto, la razón de hacerlo es debido a que realmente los medios de comunicación como cualquier industria requieren de ingresos para sus subsistencias, y sale a colación en vista a la publicación expuesta por el Gobierno Federal por vía del Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y protección de Datos (IFAI) de los periodistas y empresas dedicados a dicho rubro quienes recibieron contratos millonarios en el periodo de Enrique Peña Nieto.

Las formas de obtener la publicidad marca la diferencia

¿Hasta qué punto se puede manejar el ser un pago por sus silencio o por elogiar al régimen, definición mejor conocido como “chayote”, o determinarse favoritismo para obtener un contrato de publicidad? o simplemente como se comentó en un inicio la verdadera labor de un trabajo publicitario o periodístico del cual ese sería lo expuesto la base principal de ingreso de cualquier medio de información ya sea de forma gubernamental o privada por la promoción de cualquier marca o producto existente en el mercado.

El problema se vuelve peor cuando ese medio, lo obtiene de forma diferente a una convocatoria de cualquier rama como por ejemplo un planteamiento de construcción, donde existen diversos proveedores y entre ellos en sobre cerrado exponen el monto a cobrar por un proyecto  solicitado ya sea por una entidad gubernamental o por la iniciativa privada, y el ganador a la propuesta lleva a cabo la encomienda, siendo esto algo justo y transparente.

Pero el asunto es que el usar medios poco éticos y sin mencionar el motivo de un compadrazgo adquieran un contrato de publicidad sin inclusive entrar a una licitación para obtenerlo, siendo millones a cada facturación, exponiéndolo como un acto fuera de la ley clasificándolo como corrupción en su mayoría, etiquetando de mala fe a la empresa periodística del como obtiene sus recursos para desarrollarse, y peor aún sí eso sucede en un pequeño grupo de personas quienes se benefician dejando aún lado a los comunicólogos independientes o a los demás medios de comunicación quienes lo hacen lícitamente, apartándolos del derecho de participar y obtener el ingreso necesario de manera ecuánime.

Cuando la ética se vende

Eso es lo que realmente se señala dentro de la lista expuesta por el IFAI, a las empresas y periodistas quienes usaron sus contactos y acercamientos con funcionarios del gobierno de Peña Nieto para favorecerse de recursos millonarios a su favor, y los cuales fueron del erario público, no debemos generalizar, tal vez uno u otro no lo hicieron de esa manera, pero fueron muy contados. Es válido el pelear por la publicidad para obtener un recursos para el desarrollo periodístico, debido a ser la única forma de subsistencia de los profesionales de la comunicación, pero no es legal las formas de cómo lo llegan a realizar.

La objetividad dentro del periodismo es una de las cosas los cuales deben de regir al momento de informar, así muchos maestros y autores nos los han señalado, sin tocar el tema de la ética en desarrollo de la comunicación; pero la forma de obtener los ingresos marcaría el como se conducirá el medio informativo, y honestamente son muy contados los existentes en el mercado que realmente lo hacen de manera objetiva sin caer en el esquema de “vender” su profesionalismo a cambio de sumas de dinero, uno de ellos me atrevería a decirlo: La Revista Proceso.

Concluyendo, quienes salieron en dicha lista, muchos “comunicólogos” y empresas periodísticas son conocidos por la falta de ética debido a venderse para falsear, incidir, manipular u ocultar la información, en beneficio de quien los contrate, lo peor con recursos públicos; no siendo en su mayoría vuelvo a repetir, pero son contados quienes no lo hicieron así; y ahora ellos mismos se hacen las víctimas por haberlos exhibidos para tratar de tapar el sol con un dedo, siendo esto: el colmo del cinismo.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here