Judith Sánchez Reyes

El acta que nadie querría enmarcar llegó a la puerta de Palacio Nacional: el certificado de Guinness World Records que reconoce a México como el país con más personas desaparecidas del mundo.

Lo portaba Gustavo Hernández, el padre buscador de Abraham Zeidy Hernández del Razo (desaparecido el 14 de mayo de 2024), quien pidió ver a la presidenta Claudia Sheinbaum durante la mañanera sin solicitar foto ni acto protocolario, solo “15 minutos” para entregar el documento.

“Este no sería un premio, sería una vergüenza para el dolor de miles de familias mexicanas”, dijo Hernández a las afueras de Palacio Nacional, con el certificado emitido el 16 de marzo de 2026 bajo el brazo.

Su intervención remitió al reclamo que dirigió a la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez —“devuélvanme aunque sea un huesito”— y lo actualizó en una pregunta seca a la titular del Ejecutivo: “Si con el récord mundial de nuestro dolor no nos abren la puerta… ¿entonces con qué sí?”.

Junto a él, Patricia de la Cruz, madre de Fernando Hernández (desaparecido el 22 de junio de 2022), explicó que el documento se lleva “para dárselo a la Presidenta como representante de México” y exigir recepción institucional para madres y padres buscadores. La imagen —el marco Guinness sostenido por Gustavo, con su playera de búsqueda— se viralizó en redes, convirtiendo un trámite de record en símbolo de presión política.

Detrás del acto hay cifras que el Estado ha reportado: más de 130 mil personas desaparecidas y familias que sostienen buscadores de campo y procesos forenses. El gesto busca mover la conversación de los eslóganes a un punto verificable por un tercero global. No modifica la estadística oficial, pero la vuelve titular con peso de archivo: México está en el libro Guinness y las familias exigen que ese dato abra, al fin, la puerta que piden.