Aleinad Mina

Los sismos registrados en México los días 19 de septiembre de 1985 y 2017, nos recuerdan que la naturaleza tiene una fuerza suprema, que le han dejado claramente al hombre su lugar en el mundo. Entre los escombros de estos terremotos nos compete desempolvar y conmemorar la memoria de la escritora Lorna Martínez, del actor de teatro Frederik van Melle y del inolvidable cantante Rockdrigo González, por el valioso legado cultural que nos dejaron estos personajes.

El popular músico mexicano Rodrigo Eduardo González Guzmán, conocido como “el profeta del nopal”, falleció al lado de su pareja Francoise Bardinet en la calle de Bruselas número 8, colonia Juárez, cuando se desplomó el edificio en que vivían a consecuencia del sismo del 19 de septiembre de 1985 en la Ciudad de México.

Las canciones compuestas por Rockdrigo González dan voz a los jóvenes capitalinos, sus letras retratan la cotidianidad y representan una creativa crítica social. Rockdrigo junto con Jaime López, Nina Galindo y Rafael Catana, entre otros compositores e intérpretes, pertenecieron al movimiento rupestre. En la portada de uno de sus álbumes encontramos el manifiesto rupestre:

“Se trata solamente de un membrete que se cuelgan todos aquellos que no están muy guapos, ni tienen voz de tenor, ni componen como las grandes cimas de la sabiduría estética o (lo peor) no tienen un equipo electrónico sofisticado lleno de síntesis y efectos muy locos que apantallen al primer despistado que se les ponga enfrente…”

Frederik van Melle, artista plástico, actor y creador de teatro nacido en Gante, Bélgica, residente en la Ciudad de México y fundador de la compañía Teatro de Pantomima de la Gente, murió también durante el sismo de 1985, al derrumbarse la oficina que tenía en Bruselas número 12. Frederik innovó en el teatro de la pantomima y el teatro negro.

Treinta y dos años después, la escritora de origen polaco Lorna Martínez Skossowska perdió la vida a consecuencia del desplome del edificio en el que habitaba en la colonia Condesa, tras el sismo del 19 de septiembre de 2017 en la capital. Podemos encontrar sus anécdotas de vida en el libro “Hojas sueltas de mi álbum”.

Cada año el macro simulacro se vuelve un performance colectivo que nos hace grabarnos no sólo la coreografía masiva de salida de emergencia, sino el instante en que como colectividad nos unimos en una misma percepción y recordamos los sismos de 1985 y 2017, cuando los segundos se hicieron eternos, la psicosis colectiva nos invadió para sacudirnos de nuestra apatía y hacernos una colectividad unida, generosa y solidaria. La historia cultural es una forma de reencuentro con el pasado, que nos descubre un acercamiento a la eternidad, al lograr permanecer viva la mem

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